Los niños

Si has decidido leerte también este capítulo, a pesar de no tener niños, ni tener pensado tenerlos, enhorabuena, porque tienes ganas de aprender y eso es bueno. 

Me gustaría abordar un poquito la temática de los niños, pasando a ver qué necesitan y qué les conviene, porque parece que son Homo extraterrestrus de otro planeta, con necesidades diferentes a las nuestras, las de los Homos Sapiens adultos. Pero no, por increíble que les parezca a muchos padres, somos de la misma especie. ¡Y vamos a verlo! 

En la antigua Esparta, los niños eran arrebatados por el Estado para formarlos durante años con el fin de ser auténticos guerreros que, llegado el caso, darían la vida por su patria. Se les inculcaban valores como la disciplina o el esfuerzo, si bien es cierto que, en esa sociedad de guerreros, también se cometían auténticas barbaridades. Pero con nuestra visión actual y moral de la vida, no se pueden juzgar épocas pasadas. En cualquier caso, afortunadamente, no vivimos en la antigua Esparta. Pero sí que, en cierto modo, se deberían de inculcar a nuestros niños algunos buenos valores de esa legendaria estirpe de ciudadanos.

Hoy día, tratamos de evitarles cualquier tipo de dolor, físico o emocional, en una especie de sobreprotección, creyendo que con eso les hacemos un bien, aunque paradójicamente, estamos creando el efecto contrario: niños débiles. Incapaces de gestionar sus emociones, en parte porque los padres no son capaces de gestionar ni las suyas propias. Niños que se ofenden por todo. Que no conocen el significado de las palabras valor y esfuerzo. Que creen que tienen derecho a merecer todo sin hacer nada a cambio. Ninguna obligación y todo derechos. Niños que son «alimentados» con productos de la industria, no con comida real que su organismo necesita para desarrollarse. Que pasan horas y horas pegados a una pantalla sin mover el culo, lo cual no les diferencia mucho de sus padres. Esa es la futura generación que estamos construyendo, así que el futuro, no pinta nada bien. Y no hace falta irse a ese futuro apocalíptico porque, en gran medida, ya está aquí. Ya es presente. 

Un vistazo general.  

Los niños son esos grandes perjudicados por las decisiones de los adultos. Desde el inicio de nuestra especie, siempre han sido los seres más vulnerables. En comparación con otros animales, son muy dependientes de los adultos, porque tardan años en desarrollar las capacidades para sobrevivir sin ayuda y de forma autónoma. Algunos mamíferos pueden andar a las horas de haber nacido. Pero nuestros niños, los de la especie Homo Sapiens, no. Este rasgo característico de los seres humanos, el lento desarrollo, tanto en sus capacidades físicas como cognitivas, hace que necesitemos cuidados de nuestros padres durante años, pero a cambio, nos permite tener unas habilidades cuando somos adultos, que no se dan en ninguna otra especie. 

Aunque ojo, que tampoco debemos tener una visión antropocentrista del ser humano. Jamás podremos volar como lo hace un águila ni tener la visión nocturna de un gato. Dejemos de creernos el centro del universo, de pensar que todas las especies deben de estar supeditadas a nuestros intereses y de que el mundo nos pertenece, porque ese pensamiento daña a nuestro planeta y, por extensión, nos daña a nosotros. 

Los niños son esas personitas que llenan de luz los hogares pero que, hasta cierta edad, dependen de los cuidados y atenciones de personas adultas y, supuestamente, responsables. Igualmente, garantes de su educación en todos los aspectos de la misma. Y digo supuestamente responsables, porque hay padres que deciden dar ese paso que supone la paternidad, pero no están dispuestos a adquirir el compromiso de responsabilidad y esfuerzo que ello requiere. He visto madres fumando durante el embarazo. Y no hay nada que me produzca más rechazo y asco que eso. Puedo comprar el discurso de que la gente no sepa la importancia de una correcta nutrición durante el embarazo. Vale, lo compro. Pero todo el mundo sabe que fumar afecta mucho al feto. ¿Y aún así lo hacen? No entiendo nada.  

Los peques vienen de serie con un diseño humano perfecto. Hecho para la supervivencia. Cuando tienen hambre, lloran para pedir comida. O hablan si ya saben hacerlo. Pero les obligamos a comer cinco veces al día aunque no quieran. Ya sabes, esas recomendaciones oficiales y sus famosas cinco comidas. Si nosotros tenemos frío, les abrigamos, aunque ellos estén diciendo que no sienten frío. ¡No vaya a ser que se constipen! Porque nos dijeron de pequeños que, si cogías frío, te constipabas. Pero esto es un mito arraigado sin ninguna base científica. Los virus entran por las vías respiratorias, no por coger frío. Es decir, que les «cuidamos» en función de lo que los adultos sentimos en determinado momento o de nuestras creencias, en muchos casos, erradas. Y peor aún, les imponemos creencias limitantes, que con toda certeza marcarán su futuro, porque se implantarán en su cerebro y ya será muy difícil sacarlas de ahí. Prueba a decirle a un niño que no vale para nada repetidamente y convertirás un alma inocente, que podría haber llegado a ser un genio en algo, en un inútil para el resto de su vida. Lo que les digas, les marcará la vida. Cuidado con cómo les hablas, tus palabras tienen más poder del que crees. 

Volviendo al tema. Imagina que ahora a ti, con tus buenos veinte o cuarenta tacos, te dijese alguien a qué hora tienes que comer. Y que te tienes que terminar todo, independientemente de si tienes hambre o no. Y hasta que no lo hagas, no tendrás el premio de poder irte a jugar. O que tienes que abrigarte, aunque estés sudando como un pollo. Como si tus sensores de temperatura corporal estuviesen averiados. Estos son solo dos ejemplos, pero los hay a patadas. ¿Cómo te sentirías tú ante semejantes órdenes, que atentan directamente, en este caso, a tu capacidad de decidir por ti mismo si tienes hambre o si tienes frío? De todas formas, no te culpo. Es imposible que enseñes a tus hijos lo que nadie te ha enseñado a ti. Pero sí es responsabilidad tuya aprender. Si no por ti, por tus hijos. 

Como ya he dicho en el libro, vivimos en un ambiente obesogénico. Un entorno en el que los adultos que, teóricamente, son racionales, son presa fácil de la industria alimentaria. ¡Imagina entonces los niños! Ellos son aún más manipulables. No saben de alimentos. Ellos saben de colorines. De sabores. De estímulos. La industria lo sabe. Y también es consciente de que, si crea pequeños yonquis dependientes de sus productos, está creando una cartera de clientes para toda la vida. Por eso, cada vez que a tu hijo le das azúcar, pensando que lo harás más feliz así, lo único que estás fabricando es un pequeño drogadicto. ¿Recuerdas el estudio que vimos en el libro, concretamente en el capítulo de la nutrición, de las ratas, la cocaína y el azúcar? No existe diferencia entre ambas sustancias. Lo único que cambia es el modo en que las vemos. Una es ilegal y la otra legal. Y de la sustancia ilegal tenemos más concienciación de sus peligros. 

Me resulta paradójico ver a muchos padres intentando «hacer dieta» y la forma en que dan de comer a sus hijos. Es decir, los padres procurando desengancharse de toda esta basura que saben que es adictiva, porque afecta al sistema de recompensa del cerebro, pero a su vez les dan a sus hijos toda clase de productos comestibles cargados de azúcar. ¿Tú eres uno de ellos? ¿Acaso crees que el cuerpo de esa personita dependiente de ti, merece que le des esa porquería, que tú ni siquiera quieres para ti, y de la cual te está costando tanto desengancharte? ¿Quieres que de mayor pase por lo mismo que estás pasando tú? ¿Ese es el amor que le tienes? Replantéate todas estas cuestiones si es tu caso. 

Un niño viene con un sistema virgen. Es un diseño casi perfecto, pero que a medida que va recopilando datos de su entorno, va aprendiendo rápidamente. No ha probado jamás esos productos, no tiene ninguna dependencia de ellos ni necesidad de probarlos por primera vez. No creas que dándoselos le estás haciendo un favor. Déjale que experimente él cuando sea más adulto. Cuando tenga capacidad de decidir. Cuando haya calado en él el mensaje de que eso que se lleva a la boca es nocivo. Pero para eso se lo tienes que decir. ¿Qué necesidad tienes de darle esas porquerías con uno o dos años? Él en la vida las ha probado. No tiene ningún apego hacia ellas. Pero una vez lo metas en esa rueda de los ultraprocesados y el azúcar, ya va a ser muy difícil sacarlo de ahí. Habrás creado un cliente más de la industria alimentaria del azúcar y los ultraprocesados, y un futuro cliente de las farmacéuticas. Todo esto tiene que ver con la dopamina, como ya vimos. Antiguamente a la diabetes tipo II se la conocía como la «enfermedad del adulto». Hoy día hay niños con esta patología. Y cada vez más. 

Pero recapitulemos, porque antes de comer alimentos sólidos, un bebé está en la mente de unos padres, luego en la tripita de su madre. Y tiene que venir al mundo, ya sea por parto natural o por cesárea y, además, para su desarrollo necesitará lactancia, ya sea materna o leche de fórmula. Vamos a ver todo esto desde un punto de vista científico, para ver cómo hacer que tus hijos tengan salud desde el minuto uno. 

La preconcepción, el embarazo y el cuidado de la mamá. Y del papá. 

Como se afirma en la prestigiosa revista The Lancet, los períodos de preconcepción y embarazo son etapas cruciales para la implementación de intervenciones para prevenir la obesidad infantil, ya que se sabe que el riesgo de sobrepeso y obesidad en niños de 5 a 12 años, está asociado al alto IMC y al tabaquismo de los padres, sumado a la baja calidad de la dieta materna o el alto comportamiento sedentario materno. Y aquí hay un concepto clave.

Y es que es de ambos padres la responsabilidad. No toda la salud del bebé va a depender de la madre. Se sabe que la obesidad paterna en el momento de la concepción, puede tener efectos adversos en la salud de la descendencia a través de la programación del desarrollo, que son alteraciones en la fisiología, el metabolismo y el epigenoma de la descendencia. Así pues, vemos como el padre, en el momento de la preconcepción, ya tiene unas obligaciones para con la salud de su futura descendencia. Y por descontado, también la futura mamá.   

Hace unos cuantos años, todo el tema de la nutrición en relación al embarazo, era aún muy desconocido. No se sabía muy bien si esta jugaba un papel real o no, y cómo de importante podría llegar a ser ese papel. Poco a poco se fueron descubriendo diversas razones para pensar que la correcta nutrición sí tendría mucho que decir en la salud de los futuros bebés. Se descubrió la importancia del hierro o la suplementación con ácido fólico. La hipótesis de la programación fetal de Barker estableció que las alteraciones en la nutrición fetal, tenían efectos a largo plazo en la salud de un individuo y lo predisponían a enfermedades en la edad adulta. 

A día de hoy se sabe que muchas de las decisiones de la madre en lo concerniente a la dieta y a las elecciones de alimentos, no solo definen el estado nutricional materno, sino que influyen directamente en el desarrollo neurológico fetal. Este se caracteriza por períodos significativos de rápido crecimiento y cambio estructural, acompañados de altos requerimientos metabólicos y nutricionales. Por lo tanto, un feto puede ser más susceptible a deficiencias de nutrientes y exposición a toxinas dependiendo del momento, la gravedad, la frecuencia y la duración de la exposición, así como de factores relacionados con la resiliencia individual. 

Otros factores como las dietas altas en calorías o hipercalóricas, así como restricción calórica y de nutrientes, tienen el potencial de predisponer a los hijos a trastornos físicos y mentales en la edad adulta. Así que, si nosotros debemos cuidarnos para disfrutar de salud, creo que es más necesario aún el hacerlo para no afectar a la salud de terceras personas. 

En un estudio se observó el impacto de la dieta materna durante el embarazo y su relación con el neurodesarrollo infantil. Se analizaron los datos individuales de 11.870 parejas madre-hijo y se concluyó que, al contrario que una dieta de calidad, una dieta inflamatoria se asociaba a mayor probabilidad de síntomas de depresión y ansiedad, comportamiento agresivo y trastorno por déficit de atención con hiperactividad en los niños, a los siete y diez años de edad, que fue el máximo tiempo que pasaron sometidos a observación. ¿Te acuerdas que era una dieta inflamatoria? Te lo recuerdo: aquella que tiene un gran porcentaje de alimentos ultraprocesados y azúcar. 

Espero que el mensaje con esto quede claro, y que se tome consciencia de que llevar una dieta saludable antes y durante el embarazo es una garantía para que el futuro hijo tenga salud. Se sabe que los hijos de madres obesas, tienen una tasa más alta de morbilidad perinatal y un mayor riesgo de problemas de salud a largo plazo, por tanto, quizás antes de ser mamá haya que hacer los deberes para no cargar a la descendencia con las consecuencias de nuestras decisiones. Dichos problemas van, desde el riesgo de que la descendencia desarrolle obesidad y altere la composición corporal en la infancia y la edad adulta, impacto en la salud cardiometabólica de la descendencia con desregulación del metabolismo, incluida la homeostasis de glucosa/insulina, y desarrollo de hipertensión y disfunción vascular, pasando por los efectos sobre el desarrollo y la función del tejido adiposo, el páncreas, los músculos, el hígado, la vasculatura y el cerebro. Así que esto de ser papás, es para tomárselo lo más en serio posible. Y por supuesto, si eres el futuro papá, en la medida que te corresponda, deberás hacer lo mismo. No podemos cargar toda la responsabilidad en las mamás, ya que no es toda suya. 

Ya que he mencionado antes el rechazo que me producía ver a una madre fumar durante el embarazo, también te diré que se sabe que el tabaquismo se asocia con bajo peso y baja longitud al nacer, tanto en la circunferencia del pecho, como de la cabeza. También con parto prematuro, muerte fetal respiratoria antes o durante el parto, y muerte perinatal, así como morbilidad a largo plazo en la descendencia y muerte súbita inesperada del lactante. Pero es que incluso estar expuesta al humo de otras personas es especialmente peligroso para las mujeres embarazadas, que tienen un 20% más de probabilidades de dar a luz a un bebé de bajo peso al nacer que las mujeres que no están expuestas al humo de segunda mano durante el embarazo. Así que si estás embarazada, huye de entornos donde se fume y, si es posible, pide a la gente que te rodea que no lo hagan en tu presencia. 

El deporte durante el embarazo también es importante. Hay que dejar de ver esta etapa como una discapacidad. Las mujeres embarazadas no deberían estar en un sofá sin hacer nada, como si se trataran de discapacitadas físicas. El deporte, si ya se hacía antes del embarazo, debe adaptarse y seguir durante el mismo, y hasta el momento en que se pueda realizar con seguridad, no solo por los beneficios que ello acarreará en la descendencia, sino también los propios beneficios de que disfrutará la madre. 

Aquí se incluyen una reducción potencial del riesgo de desarrollar diabetes gestacional e hipertensión inducida por el embarazo. También, una disminución de los síntomas de depresión posparto, dado que el ejercicio alivia el estrés. Asimismo, hay una disminución de la incidencia de incontinencia urinaria y preeclampsia, esto es, una complicación del embarazo que puede poner en riesgo la vida de la madre y el bebé. No obstante, también disfrutará de toooooooodos los beneficios que ya hemos visto que el entrenamiento tiene. Estos son solo algunos de los añadidos. 

La reanudación de la actividad física posparto deberá ser un proceso individualizado. Cada mamá tendrá su momento. Aunque no existen estudios que indiquen que la reanudación rápida de las actividades tenga resultados adversos. Sin embargo, debido a que las mujeres después de un parto tienen un grado de desacondicionamiento, debido al tiempo que han estado sin practicar deporte, se recomienda la reanudación gradual del ejercicio. Cabe destacar que el retorno a la actividad física después del embarazo se ha asociado con una menor incidencia de depresión posparto. Esto es lógico si se considera que el ejercicio alivia el estrés. Por tanto, como siempre, sentido común: empezar cuanto antes y poco a poco, para que el cuerpo vuelva a adaptarse y disfrutar de todos los beneficios asociados al deporte. 

¿Y qué hay del futuro bebé? ¿Le impactará de manera positiva que su madre haga deporte durante el embarazo? Todo apunta a que sí. Se ha comparado el peso en recién nacidos. Por un lado, el grupo control, los hijos de las madres que no hacían deporte durante el embarazo. Y por otro lado, el grupo de referencia, los hijos de las que sí hacían deporte. Y se ha visto que estos últimos pesaban menos al nacer (masa grasa), lo cual guarda relación directa con la protección contra la obesidad futura. El ejercicio prenatal regular, de intensidad moderada a vigorosa, reduce el peso de la descendencia y la masa grasa subcutánea al nacer, y estos efectos potencialmente beneficiosos persisten hasta los cinco años de edad. También se sabe que el mantenimiento de un alto volumen de ejercicio durante la mitad y el final del embarazo, conduce a una reducción de la masa grasa fetal. Pero los beneficios no quedan solo en la salud física, sino que se ha visto que los hijos de las mujeres que habían hecho deporte regularmente durante el embarazo, con cinco años de edad obtuvieron mejores calificaciones en pruebas de habilidades de lenguaje oral y en las escalas de Wechsler, una prueba para evaluar la capacidad cognitiva general. 

Asimismo, el buen desarrollo del sistema cardiovascular fetal durante el embarazo es, probablemente, un indicador preliminar de la salud cardiaca al nacer y un indicador del riesgo futuro de enfermedad cardiovascular a lo largo de la vida del niño y futuro adulto, y también se sabe que el deporte durante el embarazo, contribuye a mejorar la función cardiaca fetal. 

Parto natural o cesárea. 

El parto humano se puede dividir en cuatro categorías: parto natural, parto asistido, cesárea debida a factores médicos, y cesárea debida a factores sociales. Aquí vamos a hablar de únicamente dos maneras de parto. Parto natural y cesárea, entendiéndose como tal, aquella que la madre o padres deciden únicamente por preferencia, no por cuestiones médicas. 

No voy a entrar a valorar en un sentido profundo la decisión que cada madre o cada pareja de padres tomen respecto a la forma de dar a luz a su bebé, pero sí creo que hay que saber cuál es la mejor manera y qué conlleva, para que en base a datos, se pueda tomar la mejor decisión. 

La cesárea fue y sigue siendo una herramienta que ha salvado millones de vidas. Se realiza a través de un corte, tanto en el útero como en el abdomen de la mamá. Hay ciertos casos en que está intervención está más que justificada como, por ejemplo, cuando la madre posee un conducto muy estrecho para la salida del bebé, cuando el nene está en una posición anormal dentro del útero o en caso de alguna patología aguda grave que pueda poner en riesgo la vida del bebé o de la mamá. Lo que tal vez no esté justificado sea elegir la cesárea como forma de dar a luz por cuestiones únicamente de preferencia y como forma de evitar el dolor. 

Es cierto que el parto natural es más doloroso en comparación con la cesárea, pero hay que tener en cuenta la tolerancia al dolor de cada persona, ya que la percepción del dolor es subjetiva. Las mamás primerizas experimentarán más dolor que las mamás que ya han dado a luz alguna vez. No obstante, la naturaleza es muy sabia, y nuestra máquina tan perfecta que es el cuerpo humano, tiene todo pensado. Así que existen una serie de respuestas en forma de cascada de hormonas que facilitan la reducción de los niveles de dolor y estrés, durante y después del parto, y estimulan la interacción y el vínculo entre la madre y el bebé en el período posparto. 

La oxitocina es una hormona clave durante el embarazo, y que en el momento del parto contrae el útero y favorece su progreso, ayuda a la expulsión del feto y la placenta, y evita el sangrado posterior. También reduce la actividad del sistema nervioso simpático (lucha o huida) y aumenta la actividad del sistema nervioso parasimpático (relajación, calma y conexión), reduciendo la ansiedad y el dolor. El nivel de las beta-endorfinas, analgésicos naturales, aumentan durante el embarazo y alcanza su pico máximo durante el parto. 

La cesárea realizada a petición de la madre sin condiciones médicas subyacentes, además del riesgo de hospitalización prolongada para la madre, también puede causar problemas respiratorios en los niños, retraso en la lactancia materna y posibles complicaciones en un futuro embarazo. El parto por cesárea debe seguir siendo un procedimiento de emergencia o un procedimiento recomendado para embarazos en los que el nacimiento es un riesgo para la madre y para el niño, ya que la cesárea en sí misma, es un factor de riesgo de resultados negativos tanto para la madre como para el bebé. 

Hay que tener en cuenta que cuando una mujer se somete a una cesárea programada, aunque psicológicamente la mamá vaya preparada, no lo está fisiológicamente. Ni ella, ni por supuesto el futuro bebé. Esto no ocurre en el parto natural, ya que el cuerpo de la mamá produce cambios hormonales, que comienzan de tres a cuatro semanas antes del momento real del parto. La naturaleza, una vez más, nos demuestra que tiene todo pensado. El hombre moderno aún no sabe cómo igualarla.  

Cuando un bebé nace a través del conducto vaginal, se empapa de la flora vaginal y fecal de la mamá, cosa que no ocurre al nacer por cesárea, ya que solo tendrá contacto con la piel de la mamá y su entorno circundante. Eso es de vital importancia, y por eso a los bebés nacidos por cesárea se los frota con gasas que han estado en contacto con la vagina de la madre, para traspasarles sus mismas bacterias. 

La hipótesis de la higiene establece que la falta de contacto de los bebés con las bacterias de la madre durante el parto, tiene consecuencias futuras en la descendencia, ya que estas bacterias son necesarias para el crecimiento y desarrollo del sistema inmunológico del bebé. Hay algunos estudios que han demostrado una correlación entre la cesárea y un mayor riesgo de desarrollar enfermedades inmunológicas, incluyendo asma, rinitis alérgica, colitis ulcerosa, diabetes tipo 1, enfermedad celíaca y obesidad.  

Por otro lado, esta hipótesis habla de que los bebés, al estar menos en contacto con la hormona del estrés y no sufrir la presión torácica que sí sufrirían en un parto natural, haciendo que con ellos sus pulmones se vaciaran de líquido amniótico, están predispuestos a sufrir más problemas respiratorios después del nacimiento y tener un efecto negativo en la función pulmonar a largo plazo. 

En referencia a la futura obesidad, se sabe que hay mayor riesgo de obesidad futura infantil entre los bebés nacidos por cesárea, en comparación con los bebés nacidos por parto natural. Si hablamos de porcentajes, en hermanos nacidos por cesárea o parto natural, aumenta la probabilidad de ser obeso un 64% entre los primeros. 

También la cesárea se ha asociado a un mayor riesgo de sufrir trastorno del espectro autista o  trastorno por déficit de atención con hiperactividad, en comparación a los bebés nacidos por parto natural. 

La adaptación por parte del recién nacido al nuevo entorno será totalmente diferente entre un tipo de parto y otro, siendo la cesárea una adaptación al medio extrauterino mucho más brusca y menos gradual. 

Por otro lado, el parto natural establece una mejor relación afectiva entre madre e hijo en comparación con la cesárea que, además, conlleva acarreada una demora en la nutrición del bebé, ya que se retrasará la lactancia durante las primeras veinticuatro horas, mientras la madre pasa el post operatorio y se recupera. 

Y voy a rizar un poco más el rizo, ya que una primera cesárea hace que, en un parto posterior (después de este primer parto por cesárea), aumente la morbilidad materno-infantil, independientemente del modo de parto posterior, ya sea natural o por cesárea. Estos resultados deben tenerse en cuenta a la hora de aconsejar a las pacientes sobre su primer parto, ya que el modo de parir seleccionado, tiene un efecto en los embarazos y partos posteriores. 

Como resumen final de esta parte, creo que esta es una decisión que hay que meditar mucho y consultar con tu médico, asegurándote muy bien de que es un profesional actualizado, y que te exponga claramente los pros y los contras de la cesárea. Igualmente, será necesario que tú te pongas a investigar. Y por supuesto, como he dicho durante todo el libro, saber que cada decisión lleva un precio: se puede pagar el precio en forma de dolor en el parto natural, pero las ventajas son infinitamente superiores. La pregunta que puedes hacerte es: «¿merece la pena que yo sufra un poquito más, a cambio de que mi hijo tenga más probabilidades de beneficiarse de una salud plena?».

Mi postura, si me preguntasen, es que unos padres sin ningún tipo de problemas no deberían plantearse llevar a cabo un parto por cesárea, habida cuenta de todos los beneficios que el parto natural conlleva. Creo que en esta sociedad que niega el dolor y lo ve como algo negativo, hace que se tomen decisiones erróneas, que conllevan riesgos y perjuicios en la vida de terceras personas, en este caso, el ansiado hijo. 

La lactancia.

En esta era de lo cómodo, parece que se ha puesto también de moda no querer amamantar al recién nacido de forma natural, privándose la mamá de esa conexión que durará toda la vida con su hijo. Ahora muchas madres, deciden por su cuenta y riesgo, que prefieren dar a sus bebés leches de fórmula, quizás, sin saber que esta nada tiene que ver con la leche que ellas producen en composición y beneficios para su bebé. Mientras una es un elixir producida por la naturaleza en una composición química exacta, la otra, solo es un montón de azúcar acompañado de vitaminas y otras sustancias que la industria fabrica y que ya hace glucodependientes a los bebés desde pequeños, trastocando su sistema de recompensa del cerebro. 

Muchas mamás sufren de mastitis durante la lactancia y esto puede generar frustración por el hecho de querer seguir amamantando a sus hijos pero no poder, lo que les genera un sentimiento de culpabilidad muy grande. Afecta a entre un 2% y un 20% de las mamás que están amamantando y se define por la inflamación de la glándula mamaria. 

Evidentemente, nuevamente hay que aplicar el sentido común: al igual que una cesárea por cuestiones médicas se ha de realizar, también se deberá dar un alimento al bebé en caso de que la madre no pueda amamantarlo. No hablamos aquí de casos en que no se pueda dar el pecho, sino de casos en que la madre ni siquiera se lo plantee, y quiero aquí presuponer buena fe y creer que es por pura ignorancia de los beneficios que tiene «dar la teta». Lo que está claro es que si una mamá no ha podido dar el pecho a su bebé, como hay tantos casos, se tendrá que recurrir a otro tipo de alimentación y no pasa nada. Si es tu caso o te ocurre en un futuro, no te culpes por ello. Hay veces que la vida nos pone palos en las ruedas y, solamente, nos queda aceptarlo, adaptarnos y hacerlo lo mejor posible dentro de las circunstancias. 

Con lo que no estoy de acuerdo, porque la ciencia así lo demuestra, es con no tener ni la intención de amamantar a un bebé, dada la importancia que tiene la leche materna para su correcto desarrollo. Los médicos deberían de explicar a las mamás los beneficios y perjuicios de su elección, para que esta decisión pueda estar fundamentada y razonada. Y también empezar a probar otras alternativas a las clásicas leches de fórmula que los pediatras pautan a los padres. 

La leche de fórmula sustituta de la leche materna que las recomendaciones oficiales dicen que hay que dar, no tiene nada que ver con la original, con la que sale del pecho de la mamá. Con la que la naturaleza y la vida crean. La composición de la pseudo leche es, básicamente, azúcar. Una vez más, la industria alimentaria metiendo su dinero para enfermar a los niños desde recién nacidos. Mientras que en la leche materna no se dá ese caso. De hecho, si la leche materna se comercializara, en la etiqueta podría poner «fortalece el sistema inmune», y no podríamos acusar a la industria alimentaria de estar mintiendo o de querer agrandar las bondades de un alimento para aumentar las ventas, porque sería una información cierta. ¡Imagínate si será buena! 

En un estudio que analizó las diferentes leches de fórmula infantil disponibles en once países, los resultados fueron claros: estos productos son más altos en carbohidratos, azúcar y lactosa que la leche materna. La leche materna madura contiene entre un 3% y un 5% de grasa, entre un 0,8% y un 0,9% de proteínas y entre un 6,9% y un 7,2% de hidratos de carbono en forma de lactosa, el azúcar de la leche. Que recordemos, no es más que la unión de dos azúcares: glucosa y galactosa, dos formas más simples de azúcar. Ahora te invito a que cojas cualquier marca de leche de fórmula y veas por ti mismo la cantidad de azúcares que tiene.

Además, la leche de fórmula infantil, carece de las diversas comunidades bacterianas que sí están presentes en la leche materna humana. Es la manera que tiene la vida de que se traspase la memoria inmunitaria de la mamá, al bebé. Se podría decir que es una sopa de anticuerpos maravillosa y que son esenciales, tanto para el desarrollo del sistema inmunitario del lactante, como para la protección inmunológica del bebé mientras madura su propio sistema inmune. Además, las cientos de moléculas bioactivas que contiene la leche, también protegen al recién nacido contra la inflamación y contribuyen al desarrollo de órganos y a la colonización microbiana saludable. Por todo esto, la lactancia materna se asocia con una disminución de la morbilidad y mortalidad en los lactantes y con una menor incidencia de infecciones gastrointestinales y enfermedades inflamatorias, respiratorias y alérgicas.

Los bebés nacen en estado de cetosis que, como recordatorio nuevamente, y rápida descripción del mismo, es el estado metabólico natural. En dicho estado y ante un periodo de ausencia de comida (en especial de carbohidratos), nuestro organismo descompone la grasa almacenada previamente para generar en el hígado cuerpos cetónicos que sirven de energía y alimento para órganos como el cerebro, el corazón o el metabolismo energético. Este estado dura mientras dure la lactancia materna, aunque a través de una dieta cetogénica o de los ayunos se puede seguir en él, y en el que la principal fuente de energía serán los cuerpos cetónicos y no los carbohidratos. 

La lactancia materna es la mejor y más completa manera de alimentar a un recién nacido. De eso no cabe ninguna duda. La OMS, en su página Web, dice que «la lactancia materna es una de las formas más eficaces de garantizar la salud y la supervivencia de los niños. Es segura y limpia y contiene anticuerpos que protegen de muchas enfermedades propias de la infancia. Además, suministra toda la energía y nutrientes que una criatura necesita durante los primeros meses de vida, y continúa aportando hasta la mitad o más de las necesidades nutricionales de un niño durante la segunda mitad del primer año, y hasta un tercio durante el segundo año. Los niños amamantados muestran un mejor desempeño en las pruebas de inteligencia, son menos propensos al sobrepeso o la obesidad y, más tarde en la vida, a padecer diabetes. Las mujeres que amamantan también presentan un menor riesgo de padecer cáncer de mama y de ovario». También la propia OMS, recomienda la lactancia hasta los dos años como mínimo, y que sean amamantados exclusivamente durante los primeros seis meses de vida, lo cual significa que no se les proporcionen otros alimentos ni líquidos, ni siquiera agua. 

La leche materna contiene todos los nutrientes necesarios para el bebé, tanto para su desarrollo, como para su crecimiento. Aquí hay que tener en cuenta que la composición y la calidad de la leche materna vendrán dadas por la calidad de la dieta de la mamá. Así que una buena alimentación en la madre es clave. Esta leche es el resultado de millones de años de evolución y se sintoniza con los requerimientos del bebé. Contiene muchas proteínas complejas, lípidos e hidratos de carbono, cuyas concentraciones se alteran drásticamente, incluso durante una sola toma, así como durante la propia duración del periodo de lactancia, todo para satisfacer las necesidades del bebé. Además de proporcionar una fuente de nutrición para los bebés, contiene una gran cantidad de componentes biológicamente activos. Estas moléculas poseen diversas funciones, y guían el desarrollo del sistema inmunitario y de la microbiota intestinal de los bebés. Los oligosacáridos presentes en la leche son los que orquestan el desarrollo de la microbiota. 

También reduce el riesgo de muerte y enfermedad en los primeros años de vida del bebé, beneficios que se alargan a lo largo de la vida adulta. La lactancia materna confiere protección al lactante contra una serie de enfermedades, como las infecciones gastrointestinales, la enterocolitis necrotizante y las infecciones del tracto respiratorio. Además, disminuye la incidencia del síndrome de muerte súbita del lactante. Igualmente, su consumo se asocia a menor riesgo de enfermedades crónicas como alergias, asma, diabetes, obesidad, síndrome del intestino irritable y enfermedad de Crohn, tanto en la infancia como en la vida adulta. Y por supuesto, confiere un mejor desarrollo cognitivo en los bebés, en comparación a los no lactantes. 

La melatonina, ese potente antioxidante que hemos tratado en el capítulo del descanso y sueño, está presente en la leche materna y contribuye a una mejor salud del bebé de varias maneras, y su concentración en la leche varía en un patrón circadiano, lo que convierte a este elixir en un crononutriente, es decir, capaz de regular los ritmos circadianos de sueño-vigilia del bebé, a una edad en la que su propia maquinaria circadiana aún no está funcionando. Cabe pensar que los bebés no amamantados tendrán peor regulación de sus ritmos circadianos y, por tanto, un peor descanso. Lo que hará que tú también descanses peor. 

Este poderoso antioxidante, la melatonina, tiene la capacidad de actuar sobre las células infantiles directa e indirectamente, al reducir la producción de moléculas oxidantes y mejorar la capacidad antioxidante del cuerpo, reduciendo el estrés oxidativo y la inflamación en los recién nacidos. Además, la melatonina puede participar en la configuración de la composición, la riqueza y la variación de la microbiota intestinal a lo largo del tiempo, modulando también qué moléculas son absorbidas por el bebé. Y por último, la melatonina presente en la leche, influye en el aumento de peso en los bebés, limitando el desarrollo de obesidad y comorbilidades a largo plazo, y puede ayudar a dar forma al entorno celular ideal para el desarrollo del sistema cardiovascular del bebé. Ya vimos en el capítulo de la nutrición la importancia de una correcta microbiota intestinal, ya que tiene todas las características de un órgano endocrino, y la leche materna tiene la capacidad de moldearla.

Fíjate hasta qué punto es bueno dar el pecho, que incluso se sabe que puede paliar los efectos de las cesáreas sin indicación médica, en relación a las alergias infantiles. Como ya dijimos, el contacto entre la vagina y el bebé se hace necesario para que este último no tenga una microbiota intestinal alterada en los primeros años de vida que le lleve a sufrir cierto tipo de patologías en un futuro, como las alergias. Pues bien, en los niños alimentados por lactancia materna exclusiva o alimentación mixta en los primeros cuatro meses después del nacimiento, se reduce significativamente el riesgo de padecerlas. Y por contra, en los niños alimentados con leche de fórmula exclusiva, cuando nacieron por cesárea, su alimentación se asoció de forma muy significativa con el asma infantil y la rinitis alérgica.  

Es que hasta incluso favorece la recuperación de la mamá después del parto, usando la grasa acumulada durante este para producir leche. Y por supuesto, es más barata que la leche de fórmula. 

Con todas estas ventajas, ¿en serio te planteas por comodidad no dar el pecho a tu bebé? Espero que, al igual que la decisión sobre cómo será el parto, igualmente te informes mucho y medites sobre los pros y los contras de dar el pecho a tu bebé. Recuerda que tus decisiones no solo impactarán en ti, sino en tu bien más preciado. Y además, su impacto será para toda su vida. 

Y para todas aquellas mamás que no pueden dar el pecho a sus hijos, sabed que existen otras opciones que no sean la leche de sustitución cargada de azúcar que os pautan muchos pediatras. Igual este «profesional» que te está dando esas recomendaciones, está tan desactualizado como un ordenador que trabaje con Windows 98

Existen fórmulas con leche de cabra que se asemejan mucho más en la composición a la leche materna pero, sobre todo, y como recomienda la OMS, se puede acudir a un banco de leche materna humana, que gracias a la solidaridad de otras madres, hará que tu bebé disfrute de los beneficios de la leche materna. 

Estos sitios son centros especializados, responsables de la promoción y apoyo a la lactancia materna, y de la recolección, procesamiento, control de calidad y dispensación de la leche de madre donada a cualquier niño que la precise, bajo criterio médico. Las donantes son mujeres sanas, de vida saludable, que lactan satisfactoriamente a su hijo y que deciden, además, donar leche de forma altruista para beneficio de otros recién nacidos. La selección de donantes se realiza por entrevista personal, en la que se obtienen datos sobre estado de salud y hábitos de vida. A las donantes, además, se les realiza un estudio serológico para descartar enfermedades potencialmente transmisibles a través de la leche, que es sometida a análisis microbiológico para garantizar la seguridad de su consumo. El procesamiento incluye tratamientos térmicos que tienen como objetivo eliminar las bacterias contaminantes y asegurar la ausencia de virus. 

Estas opciones siempre serán mejores que dar grandes dosis de azúcar a los bebés desde que vienen al mundo. Ahí ya empiezan a volverse glucodependientes, recibiendo comida cada tres horas, cargada de azúcar, porque claro, aún quedan algunos pediatras ejerciendo que dicen que hay que darle biberones con esos polvos, e incluso algunos dicen la barbaridad de que son mejor que dar el pecho. Y si lo dice el pediatra de turno, ¿quién es nadie para contradecirle? Lo que me gustaría saber es si aquellos que están tan empeñados en pautar la leche de fórmula, no estarán recibiendo «maletines». 

Sus primeros alimentos sólidos. 

Después de los primeros meses de vida, empiezan a ingerir alimentos sólidos. Ya comienzan a incorporarse al mundo de los mayores, con una variada cantidad de sabores y texturas. Su cuerpo demanda nutrientes, pero como creemos que los niños son de otra especie distinta, y que necesitan comer productos y no comida, comenzamos a atiborrarles de porquerías hiperpalatables cargadas de azúcar, grasas trans y químicos de dudosa salubridad. Empezamos a azucararles los yogures. Una cucharadita o dos. 

Se hacen un poquito más mayores. Dos, tres, cuatro o cinco años. Y ahora es el momento de seguir tomando leche. Cambiamos la leche materna, si el bebé ha tenido suerte de tomarla, por leche de vaca. O si el bebé no tuvo tanta suerte, cambiamos la leche de fórmula cargadita de azúcar, por la misma leche de vaca que en el otro supuesto. Tomar leche de vaca tampoco sería mayor inconveniente. El problema es que le añadimos polvos chocolateados con bien de azúcar. Y como si esos polvos no llevasen ya suficiente azúcar, le echamos otra cucharada más de azúcar de mesa a la leche. El cóctel perfecto. Las empresas de productos comestibles se frotan las manos. Ya tienen seres glucodependientes prácticamente para toda una vida y que han entrado en la rueda desde bien pequeñitos. 

Te juntas con otros papás, preocupado o preocupada porque tu hijo no come de nada. No quiere probar otra cosa que no sea la leche con galletas y polvo chocolateado, las chuches y los yogures con azúcar, porque tú pensabas que eso le haría feliz. Ahora tu hijo tiene la necesidad de echar kétchup o mayonesa a todas las comidas. ¿De qué te extrañas? Eso lo has creado tú. Le has acostumbrado a productos hiperpalatables, y su nivel de dulzura está por el techo. Normal que no quiera probar verduras y que nada le sepa bueno. Si te subes en la montaña rusa, ir después en el tren de la bruja te parecerá soso y aburrido. Y esto es solo una parte. Lo más grave es que el sistema de recompensa de tu hijo, ahora estará alterado, y es más que probable que sea adicto a esos productos, que repito: se sabe que causan adicción. 

Si estás en este punto, hay dos noticias. La buena, que tu hijo no puede ni tiene la capacidad de comer otra cosa que no sea lo que tú le des. Por tanto, si vacías tu nevera y tu despensa de productos que son porquería, a tu hijo no le quedará más remedio que comer comida de verdad. Y aunque al principio sienta rechazo, cuando sienta hambre real, se lo comerá, no lo dudes. Y cuando se acostumbre y sane, no querrá otra cosa. Es primordial que le expliques que esos productos no son buenos para su salud pero, sobre todo, que te vea a ti dar ejemplo. La mala… bueno, en realidad son dos malas. 

La primera mala, que si no le pones remedio, cuando sí tenga la capacidad y el poder para elegir qué comer, estará ya tan enganchado, que será difícil que salga de la rueda en la que tú le iniciaste. No trato de señalarte como culpable, simplemente, describo una realidad. Y la segunda, que tú también tendrás que empezar a comer comida de humano para que tu hijo quiera imitarte. Te llevarás de premio para ti un hábito saludable, así que tampoco esta noticia es tan mala como a priori podría parecer. 

Según datos publicados en la página Web de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición, un tercio de los niños y adolescentes españoles presentan sobrepeso, y uno de cada diez, obesidad. Y las cifras van en aumento. También muestran que un menor nivel educativo, un menor nivel de renta, la discapacidad y la presencia en el hogar de personas con obesidad, son factores relacionados con una mayor prevalencia de exceso de peso y obesidad. Aporto también el dato de que esta cifra se dispara aún más en la etapa adulta, teniendo sobrepeso un 56% de la población. Y un 19% ya pasa a la categoría de obesidad. 

En 2010 había diagnosticados en el mundo 479.600 niños con diabetes. En el año 2019 la cifra había aumentado de manera horrenda a 600.900. Esa enfermedad que vemos muy lejana y parece cosa de gente mayor. ¿Niños con diabetes? Sí, vuelvo a decir. Y cada vez más. Porque la realidad es que el metabolismo se daña cuando no se le trata como este espera ser tratado. Y el cuerpo produce adaptaciones, en forma de enfermedades, para poder tolerar todas las agresiones que cometemos contra él. 

De verdad, no trato de culpabilizar a los padres. Pero si eres padre o madre puedes ser consciente de que, al igual que te preocupas por darle unos buenos valores, puedes también preocuparte por enseñarle unos correctos hábitos de vida. Son igualmente importantes. Su calidad de vida depende de ti. 

El Doctor Carlos Jaramillo, en su libro «Como», afirma que «la alimentación de tus hijos es básicamente la que llevas tú, la que ven en tu casa; la que tienen a mano cada vez que comparten la mesa. Y que si no entiendes la alimentación de tus hijos es porque no entiendes tu propia alimentación». Claro está que el Dr. Carlos, no se refiere a que si tú comes ultraprocesados, tus hijos deban comer lo mismo, sino que tu alimentación saludable, basada en comida, debería ser la misma para tu hijo o hija. 

Los niños también se rigen por los hábitos.  

Los hábitos que adquiramos de pequeños, casi con total probabilidad nos acompañarán el resto de nuestra vida. Siempre y cuando no queramos cambiar, claro. Somos seres dependientes cuando somos pequeños, pero una vez que llegamos a la etapa adulta, todo lo que hagamos será responsabilidad nuestra. Es verdad que será más fácil o más difícil llevar un estilo de vida saludable en función de cómo hayamos sido educados. Las decisiones de nuestros padres nos pueden perseguir durante muchos años. Y es que sus decisiones forjaron nuestros hábitos. Pero ahora, de mayores, es nuestra responsabilidad para con nosotros mismos y nuestros hijos revertir esos nefastos hábitos, si los ha habido, y cambiarlos por otros más saludables. Es difícil, pero poderse, se puede. 

Los niños son esponjas. Absorben todo lo que ven. Actúan por imitación. No puedes obligar a tu hijo a comer fruta de postre, mientras tú te estás zampando un coulant de chocolate. Puedes comenzar a ser su ejemplo. Un espejo en el que se miren. Así que por favor, deja ya de obligarle a comerse al niño ese nugguet de pollo (basura) con patatas fritas (más basura), cocinado todo ello con aceites vegetales de mala calidad con cien usos (basura proinflamatoria) y pan blanco (más basuraza), para permitirle como premio a comerse todas esas porquerías, una vez más, basura: esta vez en forma de helado o tarta (basura al cuadrado). Comienza a darle comida de verdad. De humano. No vayas a un restaurante y pidas solomillo de ternera para ti y croquetas fritas y refritas para él. Su alimentación no tiene que ser distinta a la tuya. Eso es un error. 

Debes de enseñarle desde bien pequeño a distinguir lo que es comida, de lo que son productos. Lo que es saludable, de lo que no lo es. Que entienda que lo primero le nutre. Lo segundo, es algo nocivo para él o ella. La comida nos la provee la naturaleza. Lo que no es comida, está elaborado en una fábrica. Tal vez sea cuestión de que revises tus creencias, tus conocimientos, tus prioridades y tus valores. Y a lo mejor, con una buena dosis de educación nutricional, consigas que tus hijos se alimenten de una forma correcta. Si no es por ti, hazlo por ellos. Piensa que están en una etapa de desarrollo, tanto cognitivo como físico. Y que necesitan los mejores nutrientes para que este ciclo de sus vidas, se desarrolle de la mejor manera posible. 

Te tocará pelearte con tu entorno y el suyo. En la guarde o el cole les obligarán a llevar alimentos que no son saludables, pero esa batalla se puede luchar y ganar. Al igual que con los abuelos o tíos, que si viven en el desconocimiento del impacto que una mala alimentación tendrá en los peques, los querrán atiborrar a chuches, pensando que así los hacen felices. Marca líneas rojas. Su educación nutricional y sus hábitos de vida saludable dependen de ti, no de ellos. Y habrá barreras que no se pueden pasar. Que no te vendan la moto del «un día es un día», que ya sabrás a estas alturas, que es una moto bastante mala, con el motor gripado. Todas las personas que conozco que usan esta frase, están fuera de forma, obesas o enfermas. Y es porque ese mantra que repiten para justificarse, no lo cumplen. Sus hábitos son malos los trescientos sesenta y cinco días del año. Explícale a todo el mundo, con calma y respeto, que tú quieres educar a tus hijos de otra manera. Y que lo que se lleven a la boca tiene que ser comida. 

Voy a tratar de sintetizar al máximo una revisión publicada en la revista de divulgación de la Universidad de Oxford, que me ha parecido bastante interesante, ya que toca todo el tema de la nutrición en la infancia. Obviaré las partes que no considero importantes a efectos de la nutrición de los niños, pero que son de sentido común, como no dar a los bebés nada con lo que se puedan atragantar. 

Una vez separada la paja del grano, vamos con la materia. Sus autores nos dicen que los primeros dos años de vida son un período crítico para que el bebé y el niño pequeño en desarrollo, aprendan a aceptar alimentos y bebidas saludables, y establezcan patrones dietéticos a largo plazo que promuevan un crecimiento saludable, ya que se hallan en pleno crecimiento y desarrollo cerebral. La elección de si estos patrones dietéticos para toda la vida son negativos o positivos, recae sobre los padres, que serán los encargados, en todo caso, de proporcionar los alimentos a su prole. 

Estos años también son el período pico de riesgo de pérdida de crecimiento, deficiencias de micronutrientes y enfermedades infantiles comunes, como diarrea e infecciones respiratorias. Las consecuencias inmediatas de la desnutrición durante estos años de formación, incluyen una morbilidad y mortalidad significativas, retraso en el desarrollo motor y riesgo posterior de enfermedades no transmisibles, como todas esas que ya vimos en el capítulo de nutrición. Repito por si alguien no se entera: los niños son de nuestra misma especie, y lo que es malo para ti, es incluso peor para ellos. Pero nunca será mejor o neutro. 

Ellos observan, imitan y aprenden sobre los alimentos que les gustan o no, y forman hábitos y prácticas alimentarias para toda la vida. Cuando van accediendo al mundo de los mayores, crece su autonomía, pero cuidado con darles demasiado poder, porque se puede volver en su contra. La alimentación no debe usarse para controlar problemas de comportamiento o consentir demasiado a un niño, porque traerá acarreados problemas a largo plazo, no solo en la nutrición, sino en la salud global del niño. 

Se deben respetar sus señales de hambre y saciedad. Hay que animar a los niños a comer, pero no forzarlos. Esto es algo que veo en todos lados. Me persigue. «Tienes que merendar». «Hasta que no te comas la merienda, no sales a jugar». ¿Dónde está el respeto a sus señales de hambre y saciedad? ¿Por qué les obligamos a comer en función de nuestra creencia estúpida de que hay que hacer cinco comidas al día o de que el niño si no merienda, va a desfallecer jugando en el parque? Si el niño no quiere merendar, será que no tiene hambre. Y cuando llegue la hora de cenar, pues mejor cenará. Pero obligarle, solo hará que se anulen sus señales reguladoras internas de hambre y saciedad y, además, interfiere con su creciente autonomía y su lucha por la independencia, aumentando así el riesgo de sobrepeso futuro. Hay que garantizar que el niño reciba suficiente comida, pero no esté sobrealimentado y, siempre, desde el respeto.  

Algo que probablemente ya sabrías, pero que nunca está de más mencionar, es que se ha observado una asociación positiva entre el consumo de azúcar y el riesgo de caries dental. Ese es un síntoma visible de la enfermedad que supone vivir enganchados a la glucosa. Otro es el sobrepeso. Después están todos los que no se ven, que se encuentran en el interior del niño. Y los más graves, que aparecerán a futuro.  

Se habla de la importancia, no tanto de lo que sí comen los niños, sino de lo que no comen, ya que los alimentos poco saludables desplazan la ingesta de alimentos saludables que contienen vitaminas y minerales esenciales y necesarios para un crecimiento y desarrollo saludables. Y es que si tu hijo se come un huevo chocolateado con sorpresita dentro, un tercio de barra de pan que no aporta nada más que glucosa, y un par de chuches antes de comer, pues es normal que después no quiera sentarse en la mesa. Se habrá llenado a mierdas hiperpalatables, y ahora dile tú que se coma las verduritas. ¡Yo también te las pondría de sombrero! En resumen, que no querrá comer y estará sobre sobrealimentado de calorías, pero falto de nutrientes. O sea, gordo y enfermo. 

En referencia a lo que sí tienen que comer para crecer fuertes y saludables y tumbar al primo fuerte que se alimentaba de los nocivos zumos de naranja, las dietas  de los niños deben contener alimentos de origen animal (carne, aves, pescado y huevos o productos lácteos), ya que de lo contrario, no se pueden satisfacer todas las necesidades de nutrientes que requieren. Nada diferente a nosotros, vaya. Y este tipo de alimentos deben consumirse diariamente o con la mayor frecuencia posible. 

Al igual que las verduras, que también deben de consumirse a diario. La introducción de una variedad de vegetales al comienzo del período de alimentación complementaria, aumenta la aceptación posterior de nuevos alimentos. La exposición repetida es un mecanismo poderoso para aumentar la ingesta de una nueva verdura en bebés y niños pequeños. Se debe evitar ofrecer alimentos ricos en energía antes o después de las comidas. Es decir, no darle premios en forma de postres dulces, ni dejar que se coma media barra de pan u otros pseudo alimentos antes de comer. Un último apunte en lo referente al momento de la comida: por supuesto, mientras se esté comiendo, se deben minimizar las distracciones para que el niño no pierda el interés por la comida. Nada de teléfonos, tablets o televisión. Y aquí te corresponde a ti nuevamente dar ejemplo. El teléfono, fuera de la mesa, y la caja tonta, apagada. 

En cuanto a la dieta, si está desprovista de diversidad, aumenta el riesgo de carencias de micronutrientes. Sin embargo, consumir una dieta variada es importante por razones que van más allá de cumplir con los requisitos de nutrientes, y es que expone a un niño a diferentes sabores y texturas de alimentos, y las mezclas de alimentos consumidos al mismo tiempo crean sinergias que facilitan la absorción de nutrientes importantes. El mundo de la nutrición es mucho más complejo que todo lo que yo estoy contando aquí, por eso es una buena inversión acudir a un nutricionista a que te enseñe, tanto a ti como a tus hijos, la forma correcta de alimentaros y combinar distintos alimentos, siempre según el contexto individual de cada uno.

Se deben tener dietas con un contenido adecuado de grasa. Para los niños amamantados y no amamantados, la OMS recomienda una cantidad de grasa entre el 30% y el 45% de la energía total. La FAO y la OMS recomiendan que los niños de 6 a 24 meses consuman aproximadamente el 35% de la energía en forma de grasa. Vamos a ir quitándonos ese mantra obsoleto de que las grasas son el mismísimo demonio. Son necesarias. ¡Qué digo necesarias! ¡Son vitales! 

También los autores de la revisión nos advierten sobre los peligros de darles bebidas azucaradas. Y sobre todo, de la exposición repetida a bebidas y alimentos dulces, ya que pueden aumentar el deseo de sabor dulce, lo que resulta en una preferencia y consumo de bebidas y alimentos de sabor dulce a partir de entonces. Nada nuevo. Si le educas a tu hijo dándole cosas dulces, porque así crees que será más feliz, lo que pasará a ser es un esclavo de lo dulce. 

La introducción de bebidas azucaradas antes de los doce meses de edad, se ha asociado con la obesidad a los seis años. Por supuesto, ya no hablamos de darles bebidas como té, café y otros refrescos. No lo necesitan, aunque tanto el té como el café sean bebidas con unas buenas propiedades. Y si te apetece que pruebe un refresco, primero ten presente que todos, sin excepción, son una porquería, pero puestos a darle, al menos dale uno en su versión Zero y evita proporcionarle toda esa cantidad de azúcar libre que contiene un refresco, que puede rondar los veinticinco gramos. Te animo nuevamente a que cojas una báscula de repostería y eches esa cantidad de azúcar en un vaso, para que veas lo que tú o tu hijo, consumís de azúcar cada vez que una lata de 330 ml de un refresco normal, entra en vuestro cuerpo.  

Por supuesto, el zumito de fruta, más concretamente el zumo de naranja, que todos los padres piensan que es tan sano y que ya vimos que no lo es, no hace excepciones entre los niños. Es otra forma de darle una gran cantidad de azúcar libre. Además, se sabe que proporcionar zumo de fruta como tentempié, aumentaba la ingesta de energía en un 67%, ya que este aumento no se compensaba reduciendo el consumo de otros aperitivos. Varios estudios han demostrado que en niños menores de 2 años, la ingesta de jugo al 100% se asocia con un aumento de peso importante.

En la revisión se hablan de muchas otras cosas que yo he obviado, pero puedes ir al listado de referencias y, si tienes curiosidad, ahí verás el enlace a la misma para poder tener una perspectiva más global. 

Mi infancia.

Yo recuerdo de pequeño con mucho cariño cómo mi abuela nos compraba cajas de Donuts. Sí, cajas. No envases de cuatro o seis unidades. Y también, el famoso polvo chocolateado que siempre había en su casa para merendar. O las rosquillas. Mi abuela, en su ignorancia, lo hacía con la mejor de las intenciones para con nosotros, sus nietos. Y en parte entiendo que las abuelas se comportasen así, puesto que vivieron una posguerra y la escasez de calorías, y ellas no querían que sus nietos pasasen hambre. Tampoco había conocimientos sobre nutrición. Y por aquel entonces, estar delgado era síntoma de necesidad, de pasar hambre. Se veía como síntoma de salud el tener unos kilos de más. El problema es que esa creencia de las abuelas, pasó a sus hijos. Y de sus hijos, a nosotros. Y así parece que será por los siglos de los siglos si no aprendemos. Es nuestro deber cortar esa cadena de creencias erróneas que solo conducen a la enfermedad y la muerte prematura. 

En mi infancia, tampoco en casa de mis padres faltaron las chuches y demás ultraprocesados, aunque, por supuesto, que a menor escala que en la actualidad. A ojo de buen cubero, la dieta de un niño, hace treinta años, se compondría de un 80% alimentos y un 20% productos de la industria. Hoy día esa estadística se ha dado la vuelta por completo: lo raro es ver a niños comer comida real. 

Mis padres lo compraban con todo el amor del mundo, sin saber, al igual que la abuela, que eso que me daban era muy perjudicial a largo plazo. Entonces yo era un ser frágil, dependiente y sujeto a mis emociones. Como son los niños. Sin capacidad de decisión. Sucumbiendo al placer. No trato de justificar lo que mi abuela o mis padres me daban de pequeño, pero vuelvo a decir que sí es cierto que en mi infancia, en los noventa, no había la información que hay ahora. Por aquel entonces el polvo chocolateado era la merienda de los campeones, y el desayuno era casi una religión, obligatorio si se quería rendir bien en el cole. Ese paradigma ha cambiado en una pequeña parte de la sociedad. Aunque tristemente, no para todos. 

El famoso zumo de naranja del primo fuerte que he mencionado hace un momento, se sigue viendo hoy día en muchos hogares como algo saludable, cuando es una de las mayores porquerías que pueden consumir los niños y bebés, por mucho que salga de una naranja. Estarás pensando que menuda barbaridad vuelvo a decir. «¡Cómo va a ser maloun zumo de naranja, si es casero!». Esto ya lo vimos al principio del libro, en la parte de mitos del capítulo de nutrición, pero no está de más volver a desmitificar esto. Consumir la fruta exprimida en zumos o batidos, hace que consumamos el veneno (fructosa), sin el antídoto (fibra). Así que siempre fruta entera. Aunque tampoco es necesario consumir cinco piezas de fruta al día, como dicen las recomendaciones oficiales. Si hay que elegir entre un ultraprocesado y fruta, obviamente, la fruta. Pero hay muchos alimentos con mejor perfil nutricional para un niño que la propia fruta, sobre todo, dependiendo del tipo de fruta que sea. 

Bebidas azucaradas, comida chatarra y ultraprocesados derivan en obesidad y enfermedad.  

Que existe una relación clara entre, a mayor consumo de azúcar y ultraprocesados, mayor probabilidad de enfermedad, creo que nadie en su sano juicio y con unos mínimos conocimientos se lo cuestiona a estas alturas. La obesidad en los niños se asocia con una serie de problemas de salud graves, como asma y trastornos respiratorios del sueño, anomalías menstruales, aparición temprana de diabetes tipo 2 y trastornos metabólicos, así como mayor riesgo de enfermedad psicológica, como depresión y ansiedad. 

Esto es importante comprenderlo, porque en este mundo que ahora quiere vendernos la obesidad como la norma, se ha de saber que ser obeso conduce a todo este tipo de problemas (y muchos más). Quizás quienes se dedican a vender la obesidad como algo saludable, se beneficien de esa venta o desconozcan las consecuencias de la obesidad. No lo sé. Pero el movimiento antigordofobia, que nació con un buen propósito, ha permitido que entre sus filas militen algunas personas que se lucran vendiendo la enfermedad como algo que hay que aceptar sin intentar cambiarlo. 

Imagina que tu hija o hijo llegan del cole. Y te cuentan que un amiguito suyo le ha dicho que sus papás le llevan a cenar todos los días a un restaurante de comida rápida, de estas franquicias que existen en nuestro país. Estoy seguro de que te escandalizarías de oír eso. Dirías: «menudos padres. Le consienten todo a su hijo. ¿Cómo le pueden dar de comer todos los días esa basura?» Y llevas razón. Pero que sepas también, que no hay ninguna diferencia, pero ninguna, con que en tu casa se alimenten a diario de: bollería, galletas, chuches, mayonesas, kétchup, pan de molde o embutidos de mala calidad (que son un compendio de ingredientes con un poco de carne), refrescos, helados, etc, etc etc. Y por supuesto, de sacarosa o azúcar de mesa por doquier en todo lo que comen. Richard Feynman decía: «enseña a tus hijos pronto, lo que tú aprendiste tarde». Así que enséñale a comer bien. A nutrirse. 

Vamos a ver, desde un punto de vista científico, la importancia de una correcta nutrición, porque lo que hagan en sus primeros años de vida en relación a esto será lo que, probablemente, hagan durante el resto de su vida, y las consecuencias de unos malos hábitos pueden derivar en problemas para toda la vida. 

En relación al TDHA, se sabe que a mayor consumo de comida chatarra durante sus primeros años, existe una mayor probabilidad de presentar hiperactividad a los siete años de edad, en comparación con los niños que comen menos comida chatarra. También se sabe de una relación dosis-respuesta entre bebidas azucaradas y TDHA, que aumenta hasta en cuatro veces la probabilidad de tener un diagnóstico de TDHA, en comparación con quienes consumen menos bebidas azucaradas. Así que tal vez debas plantearte que quizás, ir a un centro comercial a pasar la tarde de un domingo, mientras le das un refresco cargado de azúcar y una hamburguesa de carne procesada con patatas fritas y kétchup, no está haciendo ningún bien a tu hijo. Acuérdate del consejo que te di, en el que te hablaba de minimizar las salidas a restaurantes baratos de comida chatarra y ahorrar ese dinero para una mejor y más saludable experiencia culinaria. Y es que, como ves, lo barato, sale caro. 

Como ya sabrás o habrás oído, el TDHA incluye hiperactividad y falta de atención, incapacidad para concentrarse, distracción fácil y cometer errores por descuido. Otras características incluyen impulsividad, labilidad emocional, inquietud y conversación excesiva. Se asocia comúnmente con trastornos del aprendizaje y deterioro del rendimiento escolar y también puede afectar la socialización y tener manifestaciones psiquiátricas, como trastornos del estado de ánimo, trastornos de conducta y manifestaciones bipolares. Esta ingesta excesiva de azúcar, provoca una mayor liberación de dopamina, ese neurotransmisor que es, en gran parte, el responsable de nuestra adicción a todos estos productos azucarados. 

También los niños a los que se les empieza a dar desde bien pequeños bebidas azucaradas, antes de los 24 meses de edad, tienen 3 veces más de probabilidad de ser obesos que aquellos niños a los que no se les da. 

En un estudio en el que participaron 9.829 niños, se quería probar el efecto de añadir azúcar de mesa a los alimentos saludables, como la leche natural y la fruta fresca, algo que es bastante habitual en los hogares españoles. Cuando se hace la primera vez, no se entiende por qué. El resto de veces que siguen a la primera, sí se comprende, y es que el niño ya se ha enganchado y solo es capaz de consumirlo así. En dicho estudio, 6.929 niños fueron investigados de nuevo, después de dos años de seguimiento. Transcurrido ese periodo, los niños con mayor consumo de azúcares añadidos a la leche y a la fruta, mostraron aumentos significativamente mayores en todas las variables antropométricas medidas, como el peso corporal, la circunferencia de la cintura y el grosor de los pliegues cutáneos. Estos resultados sugieren que el hábito de agregar azúcares a los alimentos que comúnmente se perciben como saludables, puede afectar la adherencia a las pautas dietéticas saludables y, también, aumentar el riesgo de adiposidad, sobrepeso y obesidad futuras, con las pertinentes consecuencias que eso acarrea y que ya hemos visto. La naturaleza nos regala alimentos dulces, como son la leche y la fruta, y que cuando tienes un metabolismo sano saben a gloria. Solo necesitan endulzarlo quienes han dañado o destruido su metabolismo. La buena noticia es que el metabolismo puede sanar si dejas de darle lo que le enfermaba. 

Referente a la comida rápida, se pudo comprobar cómo esta afectaba y tenía consecuencias sobre el desarrollo de sobrepeso y obesidad entre los niños en edad preescolar. Para ello, se realizó un seguimiento de una cohorte prospectiva de niños de 3 a 5 años de edad durante un año. La estatura y el peso de los niños se midieron objetivamente al inicio y al final del estudio. Los padres informaron la frecuencia de consumo de comida rápida de sus hijos en la última semana en once cadenas de restaurantes de este tipo de comida, a través de seis encuestas de seguimiento en línea, completadas con aproximadamente ocho semanas de diferencia. Al inicio del estudio, el 18% de los niños tenía sobrepeso y el 10% obesidad. Se vio que el 8% de los niños, hicieron la transición a un estado de mayor peso durante el período de un año. La frecuencia media de consumo de comida rápida entre los consumidores fue de 2,1 veces por semana. En conclusión, el riesgo de aumentar el estado de peso, aumentó linealmente con cada vez que se consumió comida rápida adicional en una semana promedio durante el año del estudio. 

Los «alimentos» de los restaurantes de comida rápida son ultraprocesados, como también lo son toda esa lista que vimos y que te voy a refrescar: carnes procesadas, bollería, pizzas, pasta, pan, bebidas azucaradas, patatas fritas, perritos calientes, cereales azucarados, pasteles, tartas, zumos, fiambres, salsas, golosinas, fruta en almíbar, frutos secos fritos, galletas, palitos de pescado, mermeladas, lácteos azucarados, margarina, nuggets, precocinados, snacks, surimis, etc, etc, etc. Si tienes dudas de si lo que le das a tu hijo, es o no es un ultraprocesado, tómate la molestia de buscarlo en internet. Te puede llevar diez segundos hacerlo y los beneficios de conocer si un alimento, realmente lo es o no, superan con creces el tiempo invertido. 

En otro estudio en el que participaron 30.243 niños de menos de diez años, se evalúo la calidad de su dieta y su consumo de alimentos procesados. La clasificación de estos se llevó a cabo teniendo en cuenta el nivel de procesamiento de los alimentos. Los ultraprocesados se definieron como formulaciones elaboradas por la industria alimentaria, principalmente a partir de sustancias extraídas de los alimentos u obtenidas con el procesamiento posterior de los componentes de los alimentos o mediante síntesis química, con poco o ningún alimento integral. Algunos ejemplos fueron los dulces, las galletas, las bebidas azucaradas y los platos listos para comer. Los ultraprocesados representaron el 30% de la ingesta total de energía de media en los niños. Aquellos en el quintil más alto de consumo de ultraprocesados, o lo que es lo mismo, el 20% de los que más consumían, tenían un índice de masa corporal significativamente más alto y mayores probabilidades de obesidad y exceso de peso, en comparación con aquellos en el quintil más bajo de consumo.

Y voy a cerrar esta parte con la relación existente entre el síndrome metabólico en la infancia y adolescencia, y su relación con la enfermedad cardiovascular en la edad adulta, 25 años después. Y es que se ha visto que el síndrome metabólico pediátrico y durante la adolescencia, son predictores significativos de enfermedad cardiovascular. 

Ten presente un pequeño detalle. Todo lo que a ti te daña como adulto, también le daña a tu hijo, pero con la salvedad de que a él lo empieza a dañar antes. Si tienes unos cuarenta o cincuenta años, tú no tuviste tanta exposición, ni tan temprana, a productos dañinos como probablemente, tengan tu hijo o hija ahora. Y es posible que tú, los daños los empieces a pagar a partir de este momento, pero asume que si a tu hijo desde pequeño lo alimentas con productos y no alimentos, cuando tenga veinte años ya empezará a disfrutar de las «bondades» de llevar una alimentación basada en productos y no alimentos. Ahora tiene solución. Más tarde no será una buena solución, o puede que ni tan siquiera la tenga. 

El azúcar, la comida basura y los ultraprocesados abren la puerta a la obesidad, el síndrome metabólico, las ECV, el cáncer y todo el elenco completo de enfermedades modernas. Y sí, también lo hacen en los niños. Especialmente en los niños. Vuelve a leer esto, por favor. 

Muchas veces veo a personas súper obesas por la calle. Madre/padre e hijo. O un matrimonio. Y a pesar de que hay gente que eso lo achaca a la genética (en los dos primeros casos), es una verdad a medias. En la inmensa mayoría de casos es, simplemente, la consecuencia de llevar los mismos hábitos que la persona con la que conviven. Por eso fíjate en ese matrimonio, que a mismos hábitos, mismo pésimo estado. Y no comparten genes, pero sí hábitos. 

El deporte en los niños. 

No solo puedes servir de ejemplo con la alimentación. También te corresponde servir de ejemplo con el deporte. Puedes inculcarles el hábito y el valor de hacer deporte. Pero no mientras estás sentado en el sofá con una cerveza, sino sirviendo también de inspiración y ejemplo para ellos. Si te ven a ti, ellos harán lo mismo. Recuerda que aprenden por imitación.

Mis sobrinos siempre han venido a hacer deporte a su manera a mi gimnasio, porque veían a su tío cómo lo hacía. Yo era el espejo en el que se miraban. A día de hoy no tengo hijos, pero no tengo ninguna duda de que, si los tuviese, siendo su ejemplo, y sin necesidad de decirles nada, ellos serían grandes deportistas. Y ya te adelanto: es un mito infundado que los niños en edad de crecimiento, no puedan entrenar fuerza. Ya se ha demostrado, sobradamente, que no es cierto. Lo realmente peligroso para ellos, y para todos, es no entrenar fuerza. 

Además, hay ciertos tejidos del organismo que no tienen reciclaje o recambio en la edad adulta, como la matriz tendinosa. Por tanto aquí, la fase de crecimiento es clave, ya que aquí sí hay vías de señalización activas que permiten, por medio del movimiento, que estas estructuras se formen adecuadamente. Es decir, que lo que los niños «construyan» de pequeños, será lo que tengan en un futuro. Si no hacen ejercicio, esos tejidos van a ser mucho más débiles, con todo lo que esto genera.  

Los jóvenes de hoy son más endebles que las generaciones anteriores y están empezando a surgir reducciones significativas en la aptitud física. Esto tiene un precio, y es que los niños más débiles, pueden tener más probabilidades de experimentar las consecuencias inevitables de la disfunción neuromuscular y menos posibilidades de experimentar los múltiples beneficios del ejercicio. Es necesaria una exposición temprana a actividades de fortalecimiento para preparar a los jóvenes de hoy, para la participación continua en diversas actividades físicas a lo largo de esta fase de desarrollo de la vida. Se trata de mejorar los patrones de movimiento básicos y la competencia motora, para no sufrir las consecuencias de la inactividad física y las comorbilidades relacionadas con esta. Se sabe que el 81% de los niños no son suficientemente activos físicamente y el porcentaje asciende a casi un 85% de las niñas. Esto es un drama de proporciones bíblicas, con unas consecuencias nefastas para la salud de esos niños que, además, repercute en unos costes para la sanidad de cantidades ingentes de dinero. 

Se ha estimado que si el 50 por ciento de los niños estadounidenses hicieran ejercicio, el número de jóvenes obesos y con sobrepeso disminuiría en un 4,18 por ciento, lo que evitaría 8.100 millones de dólares en costos médicos directos y 13.800 millones de dólares en pérdida de productividad. Aumentar esa proporción de niños que hacen ejercicio al 75 por ciento, evitaría 16.600 millones de dólares y 23.600 millones de dólares respectivamente. Como siempre, la prevención es la primera barrera de entrada a la enfermedad, pero estamos obviando esta parte y queriendo que la medicina y los políticos solucionen un problema que nos atañe a nosotros como padres y/o adultos. 

Los bajos niveles de aptitud muscular tienen un impacto negativo en los factores físicos, psicosociales, emocionales y conductuales que impulsan la inactividad física en los jóvenes. Dado que se necesita una cierta cantidad de producción y atenuación de la fuerza para moverse con competencia en el patio de recreo y en el campo deportivo, los jóvenes más débiles que carecen de confianza y competencia en sus habilidades físicas, pueden evitar la actividad física no esencial para protegerse contra la vergüenza, la humillación y el fracaso. La pescadilla que se muerde la cola: cuanto menos deporte hagan, peor forma física, lo que les llevará a hacer menos deporte aún y a tener todavía peor forma física. El círculo vicioso ad infinitum. 

Además, los niños inactivos pueden estar menos dispuestos a experimentar y tolerar las sensaciones asociadas con la actividad física, debido a un sentimiento de vulnerabilidad o incomodidad. Estos factores de evitación del miedo de la actividad física pueden conducir a un aumento de los comportamientos poco saludables y al consiguiente riesgo de lesiones y enfermedades.

Si bien los niveles bajos de fuerza y potencia muscular son factores de riesgo bien reconocidos para la discapacidad funcional y la mortalidad en adultos mayores, parece que los jóvenes también son vulnerables a las consecuencias inevitables de la dinapenia, que es una afección caracterizada por bajos niveles de fuerza y potencia muscular no causados por enfermedades neurológicas o musculares. Se ha encontrado que la dinapenia pediátrica, se asocia con riesgo cardiometabólico, discapacidad por todas las causas más adelante en la vida, y es la principal causa de muerte prematura. Anteriormente hablamos de la importancia del músculo y atesorar una buena masa muscular, y es que esto guarda estrecha relación con la capacidad de producir fuerza y potencia. Por eso es importante el entrenamiento de fuerza, incluso en niños, no solo para producir más músculo, sino para mejorar la fuerza y la potencia. 

Es primordial que los niños estén expuestos a actividades de fortalecimiento progresivamente desafiantes en los primeros años de vida, para que puedan adquirir las habilidades y comportamientos que apoyen la continuidad de la actividad física durante la etapa adulta. La progresión, impulsada por la técnica y el desempeño de habilidades de movimiento más complejas a lo largo del tiempo, serán las encargadas de mantener el estímulo de entrenamiento efectivo y agradable para los niños. 

Hay muchas maneras para que los niños se entrenen y desarrollen sus capacidades. Se puede utilizar un circuito de ejercicios con bandas elásticas, cuerdas de fitness, balones medicinales y el propio peso corporal para mejorar la capacidad de expresar la fuerza muscular de forma segura. Y es que, aunque jugando libremente sin reglas, mejoran, es necesario el juego/deporte programado. La mayoría de los jóvenes desarrollarán un nivel mínimo de aptitud física con el juego libre, pero la adquisición de la fuerza necesaria, no es automática: se necesitan experiencias de entrenamiento estructuradas para optimizar las ganancias en los componentes de la aptitud física relacionados con la salud y las habilidades. Hay que hacer que les resulte atractivo y divertido, a la par que beneficioso.  

Los componentes de la aptitud física relacionados con la salud incluyen la resistencia cardiorrespiratoria, la fuerza muscular, la resistencia muscular y la flexibilidad. Los componentes relacionados con las habilidades de la aptitud física incluyen la agilidad, el equilibrio, la coordinación, la velocidad, la potencia y el tiempo de reacción, algunas de estas, dependientes de la fuerza. 

Se sabe que a mayor aptitud muscular, menor adiposidad total. También existe una relación inversa entre la aptitud muscular y la ECV y los factores de riesgo metabólico, al igual que existe una asociación positiva entre la aptitud muscular y la salud ósea y la autoestima. El argumento es el mismo siempre: lo que es bueno para los adultos, es bueno para los niños. Disfrutan de todos los beneficios del deporte, al igual que nosotros los mayores. 

El VO2 Max o aptitud cardiorrespiratoria y que ya vimos anteriormente, refleja la capacidad de transportar oxígeno desde la atmósfera hasta las mitocondrias para realizar el trabajo físico y, por lo tanto, refleja la capacidad general de los sistemas cardiovascular y respiratorio y la capacidad de realizar ejercicio físico prolongado. Unos bajos niveles de Vo2 Max, también en niños, se asocian con un alto riesgo de enfermedad cardiovascular, mortalidad por todas las causas y varios tipos de cáncer. También es una relación inversa, ya que a mayor aptitud cardiorrespiratoria, menor riesgo de desarrollar obesidad y enfermedad cardiometabólica más adelante en la vida.

Es un error pensar, como muchos padres creen, que el tiempo de juego les quita tiempo de estudio. O incluso que su rendimiento cognitivo será inferior. La ciencia ya ha demostrado que el ejercicio físico mejora el aprendizaje, la atención y aumenta el rendimiento académico,

Un pequeño apunte más. Los niños tienen que jugar, y que fuera haga frío no tiene que ser un impedimento. Pero vamos a aclarar que aunque el frío es muy subjetivo, no se puede considerar frío a que afuera haga 10 o 15 grados. Eso no es frío. Eso es consecuencia de nuestra debilidad y lo mal acostumbrados que estamos. Si acaso se podría decir que hace fresco pero, como digo, es bastante subjetivo. De ahí mi insistencia en que si el padre siente frío, no por ello piense que el niño tiene que estar también sintiéndolo. 

Ellos también necesitan exponerse a las temperaturas, sean altas o bajas. Son igualmente humanos. Ya vimos el frío como estresor hormético necesario para una buena salud y sabes que tenerlos a veintidós grados siempre, solo los debilita. En cualquier caso, que sean ellos quienes decidan si quieren o no jugar en la calle cuando la temperatura no es la ideal para los padres. No son estúpidos ni han venido averiados de serie: si sienten frío, querrán ponerse a resguardo. 

En Finlandia, los bebés son sacados a la calle en invierno a echar la siesta. Y no pasa nada. Las temperaturas exteriores allí en invierno oscilan entre -27 y +5 grados. Los padres finlandeses informan que solo el 3% de los niños que duermen a temperaturas de 0 grados, sienten frío en los dedos. El porcentaje aumenta a tan solo un 25% cuando las temperaturas son de -15 grados. Casi la mitad de los niños tienen el cuello sudoroso a 0 grados, y los síntomas más frecuentes son, mejillas rojas y puntas de la nariz frías. Y estamos hablando de bebés con dos semanas de vida. Y que, además, están dormidos, ni siquiera en movimiento. 

También se sabe que los niños finlandeses pasan mucho tiempo jugando al aire libre. Hay un estudio en el que se observó cuánto tiempo y a qué temperaturas estuvieron expuestos. En él, se reclutó a treinta niños (13 niñas y 17 niños) de edades comprendidas entre 7 y 8 años, de cinco escuelas primarias diferentes de Finlandia. Se vio que los niños salían al aire libre por las tardes después del horario escolar. La recreación al aire libre durante los días fuera de la escuela, se produjo principalmente durante la tarde y la noche. Durante el tiempo del estudio, las temperaturas del aire exterior a las que estuvieron expuestos los niños variaron de -33,7 °C a +3,4 °C., incluso jugando en periodos que duraron hasta 270 minutos. La mitad de las actividades al aire libre de los niños se realizaron a temperaturas de -15°C o menos.

Ahora yo me pregunto si los niños finlandeses son de otra especie distinta a la nuestra, porque los niños españoles tienen prohibido salir a jugar a la calle si hace menos de 18 grados, y solo salen en casos puntuales con los padres, abrigados hasta las cejas, como si pasar un poco de frío los fuera a matar. 

Algunos enfoques que se han demostrado acertados para la salud en los niños. 

Existen multitud de estudios que se han llevado a cabo en poblaciones de niños, para ver de qué manera se los puede guiar para que sus hábitos garanticen unos resultados adecuados en relación a su salud. Aquí te muestro algunos de ellos, de forma sintetizada, para que te quedes con lo que le podría servir a tu hijo para llevar una vida saludable, y que está más que demostrado que funciona, ya que optimizar su salud es algo difícil, y vuelvo a decir que pasa por inculcar unos correctos hábitos de vida a los hijos. 

En un ensayo controlado ciego aleatorizado, que se llevó a cabo en algunos centros preescolares de Suiza, diseñado para estudiar el efecto de una intervención en el estilo de vida sobre la aptitud aeróbica y la adiposidad, se vio un aumento de la aptitud aeróbica al final de la intervención, y los niños del grupo de intervención también mostraron efectos beneficiosos en el porcentaje de grasa corporal  y en su agilidad motora, en comparación con los niños del grupo control. También fue posible observar beneficios en la actividad física reportada, el menor tiempo frente a pantallas en los niños y un aumento en el consumo de frutas y verduras en el grupo de intervención. Todo esto fue posible gracias a que, durante el tiempo que duró el estudio, los niños pudieron aprender sobre nutrición balanceada y conductas nutricionales saludables de una manera didáctica. Estas lecciones se centraron en cinco mensajes: «bebe agua», «come frutas y verduras», «come regularmente», «toma decisiones inteligentes» y «apaga tu pantalla cuando comas». Estos mensajes también se describieron en tarjetas divertidas que los niños podían recibir con una tarea para implementar el mensaje en casa. 

En los Países Bajos se llevó a cabo un ensayo escolar que incluyó a estudiantes de 12 a 14 años y en el que se incluyeron 10 escuelas secundarias de intervención y ocho de control. La intervención incluyó un componente educativo, con clases de biología y educación física. Y promulgó propuestas como, servir porciones más pequeñas en el comedor y opciones de comida más saludables, o restringir el acceso a las máquinas expendedoras. También se colocaron carteles para crear más conciencia sobre qué alimentos eran más saludables y cuáles no. Con un seguimiento de veinte meses, se observó en el grupo de intervención una reducción en las medidas de composición corporal, como el grosor de los pliegues cutáneos, un menor consumo de bebidas azucaradas a los 12 meses y menos tiempo de exposición a pantallas. 

En Florida, se llevó a cabo un ensayo aleatorizado durante dos años escolares, que incluyó seis escuelas primarias y a 4588 niños de 6 a 13 años. Las intervenciones implementadas incluyeron modificaciones en el menú escolar, los huertos escolares y la actividad física. Complementariamente, hubo lecciones de nutrición saludable y actividad física para los estudiantes y padres de familia. A los 2 años, fue posible observar un mayor porcentaje de estudiantes que mantuvieron un peso normal en el grupo de intervención (52%), que en el grupo control (41%). Los estudiantes del grupo de intervención también mejoraron el rendimiento académico, en comparación con el grupo control. 

En China también se llevó a cabo un ensayo controlado aleatorizado dirigido a escolares, con una edad media de poco más de 6 años. Este programa de prevención de la obesidad, basado en la escuela y la familia, consistió en talleres y actividades familiares para promover la actividad física y las conductas alimentarias saludables, y el apoyo escolar para mejorar la actividad física y la provisión de alimentos saludables. Después de 12 meses de intervención, las puntuaciones del índice de masa corporal de los niños en el grupo de intervención disminuyeron, junto con un aumento en el consumo de frutas y verduras, y una disminución en el consumo de bebidas azucaradas y refrigerios poco saludables. El tiempo frente a la pantalla también disminuyó y la actividad física aumentó en este grupo. 

Como ves, cuando a los niños se los enseña y se los educa de una manera determinada, sus conductas cambian. Y como resultado, su salud mejora. Si no haces nada por cambiar los hábitos de tus hijos, su salud no solo no mejorará, sino que esos mismos hábitos nocivos que tiene a día de hoy, hará que en el medio-largo plazo su salud física y mental, empeore dramáticamente. 

Consumismo desmedido y dopamina. 

También me gustaría hablar sobre los regalos. Ya has conocido un poquito a la dopamina, y me gustaría que te preguntases… «¿Realmente son necesarios tantos regalos en Reyes, Papá Noel y cumpleaños? ¿Mi hijo o hija disfrutan más, cuanto más tengan?». Si eres sincero contigo mismo, ya sabrás que la respuesta es no. Y no era ni necesario que te presentase a nuestra amiga la dopamina: es sentido común. Queremos darles lo que no tuvimos,  pero eso no los convierte en mejores personas o más felices. Son, posiblemente, más felices veinte chicos, con un balón para todos en un poblado africano, que tu hijo con quince regalos que le han traído los papás de sus amigos del cole en la celebración de su cumple. 

¿Te has dado cuenta cuando llegan los Reyes Magos cómo abren los niños sus regalos? Abrir, abrir y abrir. Los niños solo buscan y obtienen ese chute de dopamina barata. Abren un regalo tras otro, sin ni tan siquiera ver lo que hay. Porque les da igual. Únicamente buscaban la dopamina. La anticipación de la recompensa. El regalo no les importa. La recompensa ya no importa. Solo la anhelaban. Sería más coherente que tuviesen uno o dos regalos máximo y, a ser posible, juguetes con los que puedan desarrollar su imaginación y creatividad, no dispositivos digitales sin un fin educativo, que ahora vas a ver lo nocivos que son. Esto es una cuestión personal de cada padre, pero lo creas o no, lo cierto es que no haces ningún favor a tu hijo, ni lo haces más feliz por hacerle más regalos. Ocurre igual que con engancharle a los productos comestibles con azúcar que no son comida de humano. 

Edúcales para ser feliz con poco. A no ser codiciosos. A no querer atesorar bienes materiales por puro hedonismo. Enseña a tus hijos el valor de las cosas. Instrúyeles en que hay que trabajar para conseguir dinero y poder comprar cosas. Que aprendan que detrás de todo, hay un esfuerzo asociado. Cuanto antes asimilen que nada es gratis en la vida, mejor les irá.

Calzado moderno en niños. 

Déjales que anden sin zapatos. Que se ensucien los pies. Incluso en la naturaleza. Llevamos toda nuestra historia andando descalzos. Nuestros pies están hechos para sentir, por eso el pie es una de las zonas donde más terminaciones nerviosas tenemos. Y ahora nada más nacer, sin ni siquiera saber andar o gatear, les comprimimos todos los deditos de sus pies en formación, con unos zapatos que no respetan el diseño del pie. Y esto, únicamente, porque queremos ver al niño mono o mona. Y no, no se van a constipar porque el suelo esté frío. Eso te han contado a ti, pero no es verdad. Revisa tus creencias, porque tal vez estén equivocadas, e inculcárselas a tus hijos no les hará ningún bien. Mientras escribo esto es prácticamente invierno, y entreno descalzo en el patio de casa. Y aquí sigo, sin resfriarme. Vamos a repetirlo una vez más a ver si queda claro: los virus entran por las vías respiratorias.  

Ellos no son diferentes a los adultos. Al contrario, al estar en etapa de desarrollo y crecimiento, lo que hagan, les marcará para toda la vida. Cuando nacen, sus pies están compuestos principalmente de tejido adiposo, y la osificación comenzará gradualmente entre los tres y los cincos meses. El tamaño del pie, la fuerza de los ligamentos y la estructura muscular de los niños, cambian significativamente durante el crecimiento y el desarrollo. 

Se sabe que las personas que comienzan a usar zapatos muy pronto en la infancia, presentan alturas de arco plantar más bajas y un mayor porcentaje de pies planos. Entre algunos de los factores que influyen en la aparición de los pies planos podemos encontrar el mal ajuste del calzado, el sedentarismo o el peso corporal. Si andan descalzos, sus dedos y sus pies tienen más espacio para moverse con flexibilidad. 

El calzado minimalista en niños tiene un efecto positivo, tiene un impacto mínimo y los patrones de movimiento son similares a andar descalzo. Y es que este desarrollo de sus pies será crucial para el aprendizaje motor, ya que garantiza los requisitos básicos para la locomoción bípeda y la bipedestación estable. 

Se sabe que los niños que habitualmente están descalzos, como los de la tribu keniata de Kalenji, pasan más tiempo realizando actividad física que los niños que están calzados. Esto se traduce en mejoras en la fuerza del pie. Estos niños, cuando sean adultos, tendrán pies más anchos y menos deformidades en pies y dedos. 

Es evidente que los niños no pueden salir a la calle descalzos, menos aún que los mayores, porque cuando salen de casa a jugar, por su naturaleza de niños, el conocimiento lo dejan en el hogar. Pero sí que se puede aplicar la misma solución para ellos: calzado minimalista y pasar tiempo descalzos. 

Más vida real y menos digital. 

Recientemente salió un estudio publicado que decía que «una de cada tres guarderías detectó un retraso generalizado en el desarrollo de los niños, motivado por una sobreexposición a los dispositivos electrónicos». Y continuaba «que casi el 75% de las guarderías apuntan que el principal aspecto del desarrollo que se ha visto afectado, es un retraso en el aprendizaje del lenguaje. El 46% de los centros han detectado que también presentan dificultades a la hora de comer y de aislamiento social en el 42% de los casos».

Cuando un niño se aburre y se le enchufa una pantalla, se olvida de todo lo demás. Supone una distracción pero, por encima de todo, un alivio inmediato de ese «molesto» aburrimiento. Además, supone comenzar a trastocar su sistema de recompensa, haciendo que la gratificación instantánea comience a formar parte de su vida. Por todo esto, los niños de hoy día, que han crecido sobrestimulados, no tienen motivación ni voluntad para hacer nada.   

En cambio, cuando un niño se aburre y no se le facilita un dispositivo digital, ocurren varias cosas: el niño se frustra, se hace preguntas y reflexiona. Además, aprende esa emoción y a cómo gestionarla y busca alternativas al estado de aburrimiento. Entonces comienza a desarrollar la imaginación, el pensamiento crítico, la capacidad de razonar y la paciencia. 

Respecto al uso de dispositivos digitales, procura también ser su ejemplo a seguir. Ya estás viendo el daño que producen, no solo en ellos, sino también en ti. Pero no les pidas nada que no hagas tú. No tienes que servir de autoridad y que ellos hagan X o Y porque tú dictes, sino que tienen que ver en ti un líder al que seguir. Incúlcales el hábito de leer. Eso les hará ser personas cultas y curiosas el día de mañana. Y les abrirá todas las puertas que ellos estén dispuestos a atravesar. 

Que sustituyan los dispositivos digitales por la lectura o el movimiento. Que apaguen los teléfonos y las tablets y salgan a jugar a la calle. O mejor aún, que salgan a la naturaleza. Y que se aburran. Porque eso es bueno. Eso les hará ser creativos. Cuando conectas contigo mismo es cuando se te ocurren las mejores ideas. Y eso se hace en la soledad y el aburrimiento. Ya lo he dicho anteriormente, pero lo repito: casi todas las ideas que se me han ido ocurriendo para escribir este libro, han sido paseando por el campo en soledad. Esos momentos son fuentes de inspiración. 

Dice Daniel Goleman en su libro Focus, que «los niños de hoy día crecen en una nueva realidad. Una realidad en la que están muy desconectados de sus semejantes y por el contrario, mucho más conectados que nunca con  las máquinas; una situación que, por razones muy diversas, resulta inquietante. Los circuitos sociales y emocionales del cerebro infantil aprenden a través del contacto y la interacción con las personas con las que se relacionan. Y, como esas interacciones moldean los circuitos cerebrales, el aumento del tiempo que pasan con los ojos clavados en una pantalla digital, con el consiguiente detrimento del que dedican a relacionarse con otros seres humanos, no augura nada bueno»

Es catastrófico ver a niños totalmente idiotizados por los estímulos que reciben de una pantalla. Son auténticos zombis digitales. Intenta hablar con un niño mientras está viendo en Youtube algún dibujo animado. Sería misión imposible hasta para Tom Cruise. 

Parece que en algunos países ya se empiezan a dar cuenta de que, lo que en un principio parecía progreso, ahora no lo es tanto. Países como Suecia abandonan el uso de pantallas en clase y vuelven a los libros. Y sin irse tan lejos, en muchas comunidades autónomas de nuestro país, ya se está prohibiendo el uso del teléfono móvil en horario lectivo.  

Ver televisión está asociado a aumentos en el índice de masa corporal. Digo tele, pero también tablets, ordenadores, consolas o móviles. Esto engloba todo, porque son actividades sedentarias. Cuanto más tiempo sentado, menos calorías se consumen en comparación con otras actividades que pueden implicar estar de pie, caminar o jugar, además de que, normalmente, frente a pantallas que nos roban nuestra atención, solemos comer sin prestar atención a nuestras señales de hambre o saciedad. Y añade por último al cóctel que, durante el tiempo que permanecen los niños viendo dispositivos digitales, están siendo bombardeados con publicidad para comer productos ultraprocesados, recibir juguetes, etc. 

Existe una relación bidireccional entre la televisión y el índice de masa corporal, de modo que, los niños que ven más televisión, tienen más probabilidades de aumentar de peso, y los niños con más peso, tienen más probabilidades de ver televisión. Otra vez la pescadilla que se muerde la cola. Ahora la vemos aquí en el uso de dispositivos digitales. 

Hay que tener en cuenta que el tiempo que pasen con dispositivos digitales es tiempo que no estarán dedicando a actividad física, cuando se sabe que cualquier tiempo adicional de actividad física, a mayores del recomendado, tiene beneficios acumulativos para la salud. Y también se sabe que altos niveles de actividad física no compensan los efectos negativos del tiempo frente a la pantalla. 

Durante la adolescencia temprana, el tiempo dedicado a actividades basadas en pantallas contribuye a la posibilidad de reportar quejas físicas generales, en particular, dolor de cabeza y dolor de espalda. Nada nuevo. Esto también les ocurre a los adultos sedentarios, que han normalizado la enfermedad, hasta tal punto que padecer continuos dolores de espalda o de cabeza, les parece algo propio del ser humano. 

Referente a que los niños duerman mal, como muchos padres se quejan, ya has tenido oportunidad de conocer los ritmos circadianos de sueño-vigilia, y como imaginarás, los niños tienen tus mismas necesidades: unos horarios regulares de sueño, los siete días de la semana. La necesidad de que sus ojos vean la luz del sol al amanecer y al atardecer y minimizar la exposición a la luz azul. Y esto pasa, inevitablemente, por estar más tiempo en la calle y menos tiempo idiotizados frente a una pantalla.  Si tu hijo está dos horas frente a la tablet antes de irse a la cama, ¿cómo esperas que duerma bien después? Quizás antes no sabías por qué, pero ya te he mostrado los mecanismos que hacen que esto sea así. 

En un estudio llevado a cabo en niños de Menorca, Sabadell y Valencia, se vio que los niños que pasaban períodos más largos viendo televisión, tenían una duración de sueño más corta, aunque también se sabe que los dispositivos digitales no solo influyen en la duración, sino también en la calidad del sueño. La duración de visionado de la televisión aumentó ligeramente con la edad de los niños mayores, mientras que la duración del sueño disminuyó. Los niños con más síntomas de TDHA, puntuaciones más bajas de la función ejecutiva y un IMC más alto, tenían una duración del sueño más corta. Los niños con disminución de la exposición a la televisión, mostraron una recuperación de la duración del sueño. Se observó una asociación inversa entre el tiempo dedicado a ver televisión y la duración del sueño. 

Por supuesto, olvídate de que tu hijo sepa comunicarse con el mundo. No tiene necesidad de hacerlo si su vida es ver pantallas digitales. Se ha visto en niños coreanos de 24 a 30 meses de edad, que el riesgo de retraso en el lenguaje aumentaba proporcionalmente con el tiempo que se pasaba frente al televisor. Otro estudio habla sobre que los niños pequeños con 2-3 horas de televisión al día tenían un riesgo 2,7 veces mayor de retraso en el lenguaje que aquellos con menos de 1 hora, mientras que los niños pequeños con más de 3 horas al día tenían, aproximadamente, tres veces más en el riesgo relativo de retraso en el lenguaje. También se sabe que existe una correlación negativa entre el consumo de televisión y el cociente intelectual. Aunque es cierto que existen contenidos multimedia de alta calidad que utilizan estrategias para apoyar el desarrollo del lenguaje en los niños, así que tienes que tratar de elegir qué es lo que le puede ir bien a tu peque, y no que sea él quien lo elija. 

En cuanto a la salud mental de los adolescentes, el tiempo frente a la pantalla se ha correlacionado inversamente con esta. Ocurre igual que con los adultos, pero quiero remarcarlo nuevamente, porque parece que lo que nos afecta a nosotros, no les afecta a ellos, cuando no es verdad. También se sabe que empeora el rendimiento académico, la desconexión escolar y la autoestima. Además, aquellos que cumplían con las pautas de tiempo de exposición a pantallas, tenían menos probabilidades de reportar depresión que los que no lo hacían. 

Existen muchas motivaciones en los padres para dejar libertad a los hijos con el uso de dispositivos digitales. Y van, desde evitar conflictos con ellos o el aislamiento social, hasta la distracción o el entretenimiento para los niños. Por ejemplo, un estudio de madres confirmó que el hecho de que sus hijos vieran televisión era útil para realizar tareas domésticas, mientras que otro estudio encontró que los padres solían utilizar los móviles para mantener ocupados a sus hijos cuando salían a comer. La pregunta es: ¿realmente les hacemos un bien con el uso libre que suelen hacer los hijos de las pantallas? Las pantallas se han convertido en chupetes emocionales para que los bebés y niños apaguen sus emociones. Y para que sus padres puedan estar tranquilos. Y sí, puede que en el día de hoy, mientras el niño está anestesiado, no dé guerra. Pero, ¿qué ocurrirá en el medio-largo plazo, cuando comiencen a aflorar todos los problemas de salud física y mental, derivados de este tipo de educación? 

La verdadera enseñanza para la vida está en casa. 

En el cole les obligan a memorizar muchos conocimientos que, en la vida real, no sirven para mucho: geografía, historia, literatura… solo para ser una persona con cultura general. Para integrarte en el mundo laboral. Y para ser un futuro ciudadano productivo más. Y eso está muy bien, aunque tal vez no sea suficiente. Es un modelo educativo vigente desde hace doscientos años, totalmente obsoleto, pero que al propio sistema no le interesa cambiar. Nos quieren pobres, enfermos y sumisos. Pero bueno, esto es solo una opinión personal. Puedes compartirla o no. Solo echa un vistazo a ver si las personas de tu entorno están o no están así y lo comprobarás por ti mismo. 

Yo soy de los que piensa que tú puedes enseñarles algo más valioso. Pensamiento crítico y razonamiento. Puedes enseñarles a pensar. A cuestionarse todo. El sistema, como digo, está montado para producir trabajadores cualificados. No para producir ciudadanos libres con pensamiento crítico. Al poder no le interesa que tu hijo o hija tengan ese pensamiento crítico, porque cuanto más ignorantes sean, más manipulables podrán ser en el futuro para sus intereses. Cuando una persona se cuestiona absolutamente toda la información que le llega del exterior, y destina recursos y atención a verificar y contrastar dicha información, es muy difícil ser engañada. Y te da una amplia caja de herramientas para desenvolverte en la vida. Una reflexión de Jhon Taylor, que comparto, dice que «el principal objetivo de la verdadera educación no es explicar hechos, sino conducir a los alumnos a las verdades con las que podrán tomar las riendas de su vida». ¿Qué te parece? ¿También lo compartes?

Educación física. La educación física del cole no es suficiente. Tanto los niños como los adultos, estamos hechos para movernos y hacer deporte. No para el sedentarismo. Cuanto más deporte haga tu hijo, más feliz se sentirá. Ese hábito lo acompañará durante toda su vida. Y será más difícil que, en la etapa tan dura que es la adolescencia, tu hijo o hija se desvíen del camino correcto y se descanten por malas compañías o drogas.  El deporte ha salvado muchas vidas, entre ellas la mía. 

Educación nutricional. Hay que procurar que los hijos coman comida. Comida de verdad. No tienen que tener una alimentación distinta a la de nosotros, los adultos. Repito que eso es una gran mentira de la industria alimentaria, que ya desde que nacen, los empieza a enfermar con su leche de sustitución. Recuerda que buscan beneficios, como toda empresa. No el bienestar de tus hijos. Ese Ferrari que va a trescientos por hora, que es tu hijo, necesita la mejor gasolina para transitar por la autopista de la vida. 

También educación financiera. Resulta sorprendente la cantidad de cosas que nos enseñan en matemáticas que son inútiles. Sin embargo, nadie nos habla nunca de inflación, inversión, rentabilidad, riesgo, ahorro, presupuestos, impuestos, declaración de la renta, etc. Todos estos conceptos, que podrían hacer que fuésemos financieramente libres, se nos ocultan para que sigamos siendo esclavos de un sistema en el que cada vez se hace más grande la brecha entre los que tienen y los que no. Porque no necesitamos aprender intrincadas fórmulas que jamás usaremos. Mejor opción sería en su lugar, aprender a sumar y restar y a elaborar presupuestos. Sería una inversión de tiempo bastante más rentable, de cara a ser disciplinados financieramente en el futuro. 

Y por supuesto, y de lo más importante, enséñales a tus hijos valores como el trabajo y el esfuerzo, independientemente del resultado que consigan. Dudo mucho que en la escuela se premie el esfuerzo, cuando lo que se está premiando es un resultado en forma de nota. Nota que no refleja ningún esfuerzo previo. Puede que lo haya habido o puede que no. 

Todo esto es algo que va a elevar exponencialmente sus vidas. En tu escala de valores puede ser que no se hallen este tipo de cosas, ni que tampoco sea tu prioridad. Pero puedes darle el gusto a tu hijo. El día de mañana, sentirás orgullo de ver en lo que se ha convertido. No se trata de felicitarlo cuando saca un ocho y regañarle cuando saca un cuatro. Se trata de felicitarle si ese cuatro lo ha conseguido con esfuerzo, aunque no haya llegado a una nota determinada. Y hacerle ver que el ocho sin esfuerzo, no es mejor que el otro cuatro. Ahí está la clave. Si dan lo mejor de sí, que sepan que son ganadores, aunque la sociedad y el sistema dicten otra cosa. A fin de cuentas, alguien que se esfuerza siempre y que quiere constantemente aprender, tarde o temprano, la vida le mostrará la consecuencia de ello: una buena vida. Y esto, independientemente de que se tengan titulaciones oficiales. 

También enséñales a ayudar a los demás. A no darse la vuelta ante las injusticias. A que si todos dejan de lado a un compañero en el cole sin razón, su sitio sea con ese compañero. Un mundo lleno de niños así sería maravilloso. Pero todo empieza con la actitud de los padres. 

Ya que hemos mencionado a lo que son obligados en el cole, me gustaría darte una recomendación más: no les obligues a tus hijos a hacer, lo que a ti te gustaría hacer. Que hagan las actividades que ellos quieran. Te lo cuento, porque fui testigo de una cosa bastante penosa. Y es que acudí a una fiesta flamenca a ver a mis sobrinas bailar sevillanas. Allí, en el tablado, junto a mi sobrina, había otra niña de tres años, que no se movió en toda la actuación, con cara de miedo. Lo más destacable que hizo, fue tener prisa por bajarse del escenario cuando sus compañeras terminaron, lo cual me hace pensar que la niña no quería estar ahí, sino que eran sus padres los que la obligaron. Me pongo en la piel de esa pequeña criatura y entendería que jamás quisiera volver a bailar, y todo lo relacionado con esto, la suponga un trauma. Posiblemente, a alguno de los padres, o a los dos, les gustaba que su hija aprendiera a bailar sevillanas. Pero eso no es motivo para que la pobre tuviese que salir, ante cien personas, a bailar. ¿Por qué habría de hacerlo, si a ella no le gusta? ¿Por qué obligar a un niño, contra su voluntad, a exponerse ante tanto público, con el miedo que tenemos de forma natural los humanos a la exposición en público? Y encima a esa edad. No sé, alguien debería de haber dicho a esos padres que su niña no tendría que estar ahí. Quizás la profesora de sevillanas, que estaba viendo lo mismo que yo. Y es que, según me informé, todas las actuaciones de esa peque eran igual. 

Ten mucha paciencia. La paternidad lo requiere. Los niños no entienden las cosas. Hay que explicárselo tranquilamente. Sin alborotarte. Con la fuerza de la razón, no con la fuerza de las voces o pegándoles. Yo era así antes, pero ahora soy de otra manera. Pensaba que la fuerza y una buena hostia, dada a tiempo, evitaría muchos problemas futuros, ¿pero qué clase de ejemplo le estás dando a tu hijo, si le dices que la violencia no es el camino, a la vez que tú la usas contra él? ¿Qué clase de ejemplo le das, cuando le voceas más alto y más fuerte de lo que él lo hace? Yo por fin he entendido que su naturaleza es dar por saco. Son seres egoístas y que no entienden la razón. Y contra su naturaleza, no se puede uno pegar, porque pierde. Hay que aceptarla y tener paciencia. Pero tengo claro que su educación no pasa, ni por pegarles ni por vocearles. Eso solo hará que te cojan miedo. Es un plan con demasiadas fisuras. Es mucho mejor usar la fuerza de la razón y los argumentos, y que poco a poco, vayan entendiendo. Y sobre todo, para que se conviertan en adultos lo antes posible, que entiendan eso que ya mencioné: cada acción, palabra o pensamiento, tendrá una consecuencia. Que acepten esta ley inmutable, para que así puedan obrar en consecuencia a la mayor brevedad. 

Debes ser obstinadamente machacón con el mensaje. Siempre insistes que debe mirar antes de cruzar la calle. Aquí también le va la vida en ello. La buena vida. O la vida. A secas. Literal. Seguro que estarás pensando: «¿pero qué sabrá este tío, si no es padre? ¿Lecciones a mí?». No pretendo dar lecciones, y nadie ha dicho que todo esto sea fácil. Supondrá un gran esfuerzo y trabajo para llevarlo a cabo. Pero es que todo lo que merece la pena en esta vida, conlleva un gran esfuerzo. ¿Acaso la felicidad de tus hijos no merece tal esfuerzo? 

¿Qué hacer si tu hijo llora cuando duerme solo? Yo antes tenía instaurado el viejo paradigma de no acudir en su rescate pero, si se razona detenidamente, los bebés o los niños, necesitan dormir en compañía de sus padres, ya que al final, estos representan las figuras de seguridad en un mundo y entornos nuevos y amenazantes para ellos. De hecho, ya que una de las premisas del libro es la coherencia evolutiva, cabe decir que a lo largo de la historia, los niños han dormido con sus padres. Ese es el ambiente en el que evolucionamos. Y a día de hoy, en muchas partes del mundo, aún se sigue haciendo así. El llanto es su forma de comunicarse y si lloran, es por algo. Si desde tan pequeños, cuando nos llaman, les acostumbramos a que no vamos a estar ahí, imagínate los problemas de confianza que van a tener después. Esa dinámica se relaciona con un sentimiento de abandono que genera apego ansioso, dificultad en la confianza y otros problemas afectivo-sociales en la edad adulta. 

Gracias a Dios, ha habido un cambio de paradigma muy grande con respecto a la educación en los últimos años y hemos pasado de actitudes de abandono como esa, o del uso de la imposición, la violencia y la fuerza, hacia la razón y la educación positiva. Se debe proporcionar a los hijos un entorno de amor, y esto incluye cuidarles y escucharles cuando es necesario. 

La afectividad es muy importante, ya que de ella dependen los tipos de apegos que generan y así, la forma que tienen en un futuro de relacionarse con las personas y con ellos mismos. Una persona que de niño ha recibido amor, apoyo y se ha sentido arropado, de mayor lidia mucho mejor con los problemas en la vida, dado que tiene un apego seguro. Mientras tanto, las personas que no reciben eso, tienden a ser más inseguras, a relacionarse peor con la gente y consigo mismos, ya que tienen apegos de tipo ansioso (miedo al abandono, pensamientos negativos, etc.). 

Por último, y ya para terminar, Séneca decía que «hay que apartar a la infancia lejos de la adulación; que oiga la verdad. Y que sienta temor a veces, respeto siempre, que se ponga en pie ante sus mayores. Que no intente conseguir nada mediante la ira; lo que se le negó cuando lloraba, que se le ofrezca cuando esté calmado». Y una vez más, la filosofía, y en este caso un filósofo estoico, tiene toda la razón. Mucha paciencia si eres papá o mamá. Y también que, ojalá que por su bien, trates de inculcar todo esto que hemos visto en el capítulo para que tu hijo crezca sano y feliz, y que el adulto que sea mañana, haga de este mundo uno mejor.

Siento si he sido especialmente duro en este capítulo pero, sinceramente, me toca bastante la moral que las malas decisiones de unas personas, repercutan en la vida de otras y si, además, estas últimas son niños, me duele más aún. Por mucho que te toque luchar contra tu instinto sobreprotector, la vida de tu hijo tiene que ser buena, pero nunca fácil. Si un niño crece sin enfrentarse a problemas reales, porque nosotros se los solucionamos, ¿qué crees que ocurrirá cuando sea adolescente o adulto, y le vengan los problemas inherentes a la vida? Si no se enfrenta a dificultades desde pequeño, jamás podrá valerse por sí mismo. Espero y deseo que a partir de ahora, con toda esta información, tomes mejores decisiones sobre la vida de tus hijos. Gracias nuevamente por haberme leído y dedicado tu confianza y tú tiempo. Espero haber estado a la altura. Hasta pronto.